Imágenes expandidas

Imágenes expandidas. Esteban Pastorino en CC Recoleta desde el martes 11 de julio de 2017 hasta el domingo 10 de septiembre de 2017.

Acompañando la ola fotográfica que pareciera haberse instalado en Buenos Aires en las últimas semanas por la variada cantidad de muestras de ese lenguaje artístico, la muestra Imágenes expandidas de Esteban Pastorino, bajo la cuidadosa curadoría de Julio Fuks, es sin duda alguna una de las experiencias visuales más placenteras para los amantes del arte de la escritura de la luz.



Imágenes expandidas llama la atención por su propuesta inusual cuando uno piensa en muestra fotográfica: ocupando tres salas del Centro Cultural Recoleta -cada una con un enfoque y técnicas distintas- Pastorino apuesta en la fotografía como un fenónemo espacial tanto en relación a si misma y cuyo significado de cada conjunto de imágenes compone una narrativa interna coherente y armónica, como en relación a la apropriación plena del espacio expositivo. El resultado final que el observador tiene adelante de si es la composición de un impactante armado visual que pretende ahondar las percepciones, expandir los limites de lo visual y provocar su percepción.



Si bien el tiempo en sí no puede ser fotografiado, como analiza Siegfried Kracauer en un ensayo sobre la fotografía, sin embargo la fotografía misma es una representación del tiempo y a su vez capta y ofrece al observador un continuo tanto espacial como temporal. Siguiendo esa lógica, encontramos entonces la esencia de las imágenes de Pastorino: su fotografía es la representación y una función continua del tiempo y del espacio fluyentes y expandidas. Es decir, lo que nos propone el fotógrafo en la primea sala, por ejemplo, con los 305 metros de negativos sin cortes de la Maratón de Nueva York del año de 2011 es posibilitar a la fotografía un nuevo fenómeno espacio-temporal cuyas imágenes se encuentran estiradas y exigen el acercamiento del observador para tener su superficie y siginificado decifrados. El efecto que el artista logra con esa toma sin interrupción es como de una espátula en la mano de un pintor utilizada para estirazar al máximo la superficie de lo que fue tomado de la realidad. El resultado obtenido es estéticamente muy dinámico, plástico y poco usual, ya que las fotos dejan de ser una representación literal de lo real y empiezan un juego de llevar al observador a desconfiar de ellas. Sin embargo, con esa acción de manipulación de forma y contenido Pastorino pone en jaque los proprios límites físicos y esenciales de la fotografía -lo que nos remite a un otro ensayo de George Didi-Huberman acerca de „Cómo abrir los ojos“: "Ciertamente, no existe una sola imagen que no implique, simultáneamente, miradas, gestos y pensamientos". Es ese punto podemos percibir que somos llevados por la objetiva de Pastorino a un cuestionamiento y desestabilización de nuestros propios tiempos y espacios reales.



Las imágenes de la primera sala, intencional y provocativamente expandidas en su tiempo y espacio, forman un diálogo sincrónico con la texturas y una propiedades pulsantes de lo que el visitante encuentra en la sala siguiente: distintos “vehículos” o mecanismos que lo obligan a acercarse una vez más a las fotografías. Gafas en 3D, lupas y de un zootropo son puestos a la disposición del observador que accede al juego visual de Pastorino. Nuevamente, el espectador deja de ser un simple receptor distante de la fotografía para tomar un rol activo frente a las imágenes que están en ese espacio y se ve atrapado en un estimulante juego de distintas dimensiones visuales que culmina en los fragmentos al rededor de „una nada“ en la tercera sala.

Uno piensa en fragmentos alrededor de una nada porque no ilustran el reconocimiento del original, sino que apuntan a una configuración espacial de un instante específico y que quiere ser destacado por el fotógrafo. Tal configuración espacial del instante es obtenida por parte a través de fotografías aéreas, tomadas desde barriletes y aviones, exhibiendo zonas azarosas de encuadres con una gran extensión de alcance panorámico que serían imposibles de ser captadas por el ojo desnudo. Por otro lado, imágenes estereoscópicas también componen el guión de esa sala, recreando la ilusión de tridimensionalidad y, al mismo tiempo, de miniaturas del mundo real. Con eso, Pastorino logra cerrar de forma coherente la propuesta de su muestra: diversificar, expandir y desorientar el campo de la percepción de la realidad de los visitantes y extender los limites de la representación de la fotografía.





Se puede visitar hasta el 10 de Septiembre de 2017 en CC Recoleta (Junín 1930 CABA) - @CentroCRecoleta

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