Los pájaros alien - Convocatoria textos de artistas

Durantes los meses de Febrero y Marzo ramona lanzó una convocatoria para la publicación y circulación de textos de artistas. La propuesta no se ajustó a ningún formato ni tema específico. La única condición fue que sea escrito por un artista visual incluyendo narrativa, poesía, cuento o cualquier formato experimental.

Todas las semanas desde el mes de Mayo iremos publicando los textos seleccionados.


Imagen: Fabio Kacero. "A todos los amigos de aquel verano".




Segunda publicación

Los pájaros alien de Santi Nader

Dejo el bóxer en el piso y entro a probar la ducha. Me baño un buen rato, Me lo merezco, pienso, mudarse siempre es traumático. Al terminar, corro la cortina y miro hacia abajo, el piso está empapado, el bóxer está empapado. Me enoja y lo reconozco, lo recojo y lo cuelgo.
El pasillo se inundó, vivo acá hace un día, camino descalzo entre charcos pequeños. En mi cuarto (construido en bajada) el agua ya ha cubierto el colchón del sommier, el de abajo, llegando además a los estantes más bajos de una biblioteca que todavía no tiene libros. En la superficie del agua hay restos de jabón y shampoo, probablemente pelos.
El super ya cerró. Voy a ir a buscar el balde, el secador y el estropajo del departamento anterior, no tengo nada de eso más cerca. Son quince cuadras, es demasiado pronto para pedir ayuda a un vecino.
Mientras viajo en colectivo llamo a mi madre, me dice que esto va a pasarme siempre, que ojalá me pase mil veces por no escucharla nunca. Siento algo de ira, a la par va un rastafari drogado que escucha nuestra conversación, se ríe en mi cara, de mí, estoy seguro; digo Mamá, te llamo después, y corto. Miro al rastafari, tiene ojos verdes y la nariz perfecta. Le agarro con una mano la cabeza de las crenchas, con la otra le reviento la nariz de un puñetazo. Me empuja del asiento, las puertas del colectivo se abren. Recibo un patada por la espalda que me eyecta al piso de la parada, vuela por el aire y se abalanza sobre mí. Me escupe la cara, yo lo beso.
Frenamos un taxi aunque son pocas cuadras, volvemos al departamento nuevo. Se saca la musculosa y las Topper celestes antes de entrar a mi cuarto, en el pasillo, no lleva medias, ahora el agua quiere llegar al colchón superior del sommier. Al cruzar el marco de la puerta nos zambullimos; el rastafari y yo hacemos el amor en el agua. Su nariz no deja de sangrar, la laguna con jabón, shampoo y pelos parece ahora un piletón de helado derretido, de mascarpone con frutos rojos. Mi madre me llama otra vez. Le comento que no voy a ir a buscar lo necesario, el agua no importa, que conocí a un rastafari drogado en el camino hacia allá y que es verdad, nunca la escucho, que le pido perdón. El rastafari acaba sin preguntarme, sumerge la cabeza en la laguna por varios segundos. Mi mamá al teléfono confiesa que ella también conoció a un rastafari, unos meses después de separarse de mi papá, y que está esperando un hijo de él.
Le corto el teléfono. El rastafari saca la cabeza a la superficie. Lo miro, no puede darme un hijo, yo no puedo darle un hijo a él. Le pregunto si tiene una hermana, me dice que sí, vive en un barrio llegando al segundo cordón del conurbano, en la casa de sus padres. Me da la dirección, le pido que saque el agua, replica que no tiene con qué, respondo Con el cajón de las verduras y dos toallas. Le dejo los materiales necesarios y agarro otro taxi. Entramos al barrio, no me gustan las mujeres, me da igual, Quiero un hijo rastafari, no puedo quedarme detrás de mi madre, pienso. Es mejor incluso si la rastafari es la madre, va a ser de vientre rastafari, muy puro, Seis veinticuatro, es acá, acá tiene, gracias.
Golpeo la ventana. La hermana abre la puerta, me mira pasado por agua y sangre, yo la miro con decepción: tiene el pelo corto como un chico, está en bombacha y lleva puesta una remera de Charlie Brown. No sos rasta, le digo, me dice No, ¿a quién buscás?, le digo A vos. Cierra la puerta, no del todo. Me doy el permiso de pasar, ella me besa, yo no hago nada, ¿Tenés una amiga rastafari?, me dice No, tengo un hermano rastafari, Ya sé, ¿y una vecina? En frente, me dice, se llama Solana pero le dicen Shaniqua. Gracias, le digo, le beso la mejilla y cruzo la calle. El agua en mis zapatillas hace un sonido gracioso mientras camino. Burbujas explotándose entre mis pies y el piso.
Toco el timbre, me atiende un gordo inmenso en musculosa malla, su papá, tiene cara de panadero, Busco a Shaniqua, le digo, Solana, se ríe, me pregunta para qué, Para hacerle un hijo, le contesto, me deja pasar. Shaniqua está tirada en una poltrona, juega Angry Birds, las rastas le llegan a la cintura. Por qué nivel vas, pregunto, Destrabando el siete, dice, el de los pájaros alien.



Santi Nader nació en Tucumán en 1997. Participó en proyectos bajo la dirección de Lola Arias, Paula Baró, Paula Cancela y Matías Feldman. Su obra "La clase de rikudim" se publicó a través de SATURNA (Ed. Textos Intrusos) y tiene actualmente dos proyectos de escritura: "Pequeño Malibú en Zona Norte" (narrativa, novela coral) y "Los parques temáticos" (dramaturgia).



Primera publicación "Apolinio y Damis" de Juan Reos



Colaborador editorial de este espacio Imanol Subiela Salvo
La convocatoria se volverá a poner on line en Julio 2017

por Santiago Nader, 16 de Mayo de 2017
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