Destellos en la oscuridad

“Las imágenes, como las palabras, se blanden como armas y se disponen como campos de conflictos. Reconocerlo, criticarlo, intentar conocerlo con la mayor precisión posible: esa sea tal vez una primera responsabilidad política cuyos riesgos deben asumir con paciencia el historiador, el filósofo o el artista.”
Georges Didí Huberman

“Hacer obra de historiador (…) significa apoderarse de un recuerdo, tal como surge en el instante del peligro.”
Walter Benjamin


El inicio de la democracia en 1983 significó una bisagra en la historia argentina reciente. En octubre de ese año, se desarrollaron las primeras elecciones presidenciales democráticas luego de siete años de terrorismo de Estado que habían dejado un saldo de miles de desaparecidos, muertos, exiliados y un país económicamente devastado. La derrota de las tropas argentinas en la Guerra de Malvinas, en junio de 1982, había acelerado el final de la dictadura militar y dejado nuevas y profundas heridas. Raúl Alfonsín, candidato de la Unión Cívica Radical (UCR) ganó esas primeras elecciones presidenciales y se inició un período que politólogos e historiadores denominaron de “transición a la democracia”, atravesado por una atmósfera cultural y política en ebullición en donde se entremezclaban demandas sociales emergentes, en particular las vinculadas al movimiento de Derechos Humanos, con presiones múltiples, provenientes del poder militar y de los organismos financieros internacionales.
La democracia tan anhelada y la celebración por la recuperación del espacio público en aquellos primeros años obturaron, en un primer momento, la posibilidad de ver las líneas de continuidad entre el gobierno militar y la democracia recién recuperada. A grandes rasgos, hubo una idealización de la democracia como contracara de la dictadura. Aún no habían llegado ni la desilusión ni el desencanto.
A fines de 1983 y durante todo 1984, se sucedieron una vorágine de acontecimientos en los que la corporación militar buscaba de todas formas condicionar a la futura democracia. Alfonsín asumió con una cuota de poder reducida y los sectores golpistas estaban al acecho. De hecho, en los primeros meses de mandato hubo numerosos intentos de erosionar al gobierno electo con campañas en distintos Diarios y Revistas como Somos, Ámbito Financiero, La Prensa, La Nueva Provincia y Cabildo.2
Paralelamente, el repudio popular a la dictadura había ido in crescendo a medida que se revelaba el horror de los crímenes. Este develamiento (en muchos casos con un tratamiento de show mediático hecho por la misma prensa que había apoyado al régimen) trajo consigo un masivo sentimiento de indignación y repudio, y la condena a la represión ilegal se extendió más allá de diferencias ideológicas y políticas.

Las calles eran una fiesta, centenares de miles de personas participaban de las campañas electorales, de las marchas convocadas por los Organismos de Derechos Humanos, de protestas vecinales, sindicales, sectoriales. La sociedad se volcaba a las calles y los fotógrafos lo registraban. Eran los mismos reporteros gráficos que, habiendo puesto el cuerpo para fotografiar las manifestaciones reprimidas, emergieron fortalecidos como colectivo al finalizar la dictadura. Habían realizado las tres primeras muestras de Periodismo Gráfico en el país (1981-1982 y 1983), en las que habían expuesto fotos de una altísima repercusión y que hasta hoy siguen siendo íconos de ese pasado: imágenes de las grandes manifestaciones de 1982 y 1983, escenas de represión en las calles, fotos de las Madres de Plaza de Mayo, de la recuperación de la vida política, de la campaña electoral.
En este contexto, algunos fotógrafos y algunas fotografías tuvieron un protagonismo particular para señalar el peligro que aún representaba ese pasado autoritario. De todas ellas una imagen se destacó especialmente en el año 1984.



La punta del iceberg

La foto fue tomada por Enrique Rosito en la noche del 21 de agosto de 1984 y muestra la siguiente escena: Luciano Benjamín Menéndez, con un cuchillo en la mano, se abalanza sobre unos manifestantes (que quedan fuera de cuadro) mientras dos de sus custodios intentan contenerlo. Al fondo se ve un fotógrafo registrando la escena desde otro ángulo. En ese momento, Menéndez aún no había sido detenido por los crímenes de lesa humanidad que había cometido. Gozaba de libertad y los conductores del programa de televisión Tiempo Nuevo, Bernardo Neustadt y Mariano Grondona, le otorgaban la legitimidad necesaria como para invitarlo a un debate en vivo en la TV sobre el referéndum previo al tratado de límites con Chile por el Canal de Beagle.

Enrique Rosito señala acerca del momento en el que tomó esta fotografía:

“Por esa época trabajaba en la agencia DYN. […] Al llegar al canal, vi que afuera estaban las Madres de Plaza de Mayo y otros militantes que le gritaban a Menéndez asesino y cobarde. Él se retiraba en un Ford Falcon, sentado en el asiento derecho de atrás. Delante del auto salía un colectivo de la policía que había ido a custodiarlo. Yo pensé que el colectivo nos iba a tapar, entonces salté para el otro lado. Ahí fue que Menéndez bajó del auto y encaró hacia los jóvenes. Estaba oscuro, tuve que utilizar el flash. En ese momento creí que tenía un revólver en la mano. Dos tipos, un custodio y otro que resultó ser su hijo lo agarraron para que no pueda avanzar. Era de noche, estaba todo oscuro y en esa época no había autofocus. Había que enfocar con la mano. (…) Hice sólo tres fotos, hago la tercera y se me corta el rollo. A todo esto baja la infantería, empieza a repartir palos a los manifestantes que había, los cagaron a palos. Yo estaba ahí con la cámara pero no podía hacer nada más. Entonces decido irme a revelar, para ver que había podido sacar y uno de los manifestantes me grita 'sacá cagón, no te vayas' ¡y yo no les podía explicar! Me fui a la agencia, eran las 12 de la noche, revelé, mandamos a los diarios y me quedé esperando a ver qué salía. A la madrugada la foto salió en la tapa de Clarín”.4


Benjamín Menendez contenido por su hijo y por un custodio cuando intentó responder, de la peor manera, a personas que lo insultaban a la salida de Canal 13. Fotografía: Enrique Rosito, 1984


El fotógrafo cuenta la forma en que obtuvo la imagen. Menciona detalles que nos hablan del modo en que ejercía su trabajo: la observación, los reflejos, la ubicación en el espacio, la espera, las decisiones en función de la luz, las determinaciones técnicas que incidieron en sus decisiones y en sus resultados, la cuota del azar. El testimonio muestra también la necesidad de los manifestantes de que el momento sea registrado, que se vuelva visible. Su declaración nos permite observar cómo operó con las limitaciones técnicas, de espacio y de tiempo. Luego da indicios del trabajo posterior del reportero que no culminaba con la obtención de la imagen, debía revelarla, enviarla a los diarios.5

El impacto y la trascendencia de esta foto nos hablan del rol que ejerció al menos una parte del fotoperiodismo en Argentina en esos años. En la imagen se veía con claridad a Menéndez con un cuchillo en la mano, después se supo que era un cuchillo de paracaidistas. Menéndez había intentado embestir contra los manifestantes, quienes además fueron reprimidos por la policía y cuatro de ellos quedaron detenidos.6
Frente a la contundencia de la imagen, la repercusión nacional e internacional fue inmediata. La foto no permitía lecturas ambiguas. Los días siguientes salió publicada en la primera plana de los principales Diarios nacionales e internacionales: difundida por DYN y UPI salió en el New York Times, Daily News, Herald Tribune, Los Angeles Times, Chicago Tribune, Miami Herald, El País y en múltiples medios gráficos de América Latina y Europa. El diario de la izquierda francesa Liberation la publicó con el título: “Al que me grita asesino lo mato”. En Argentina todos los Diarios de tirada nacional sacaron la información en tapa durante toda la semana. El sábado 25 de agosto los medios anunciaban que se le dictaría prisión preventiva rigurosa a Menéndez (Clarín, La Voz, Tiempo Argentino y La Nación, 25 de agosto de 1984).

La foto, que dejaba al desnudo la fragilidad de la democracia argentina, desató un papelón internacional y cayó como un rayo sobre el gobierno alfonsinista. Un militar probadamente asesino estaba en libertad y era capaz de empuñar un cuchillo en plena calle contra jóvenes y madres.
La visibilidad que le dio la existencia de la fotografía al hecho fue crucial para todo lo que se desencadenó después.7
La acción de un puñado de jóvenes militantes de izquierda y de Madres de Plaza de Mayo logró que su acción, que no había sido masiva en los hechos, obtuviese una trascendencia mundial gracias a la contundencia de la imagen y a la eficacia de la difusión periodística. La labor de los fotógrafos que estaban allí permitió dar visibilidad nacional e internacional al hecho (8). Haber sido el jefe de uno de los más grandes campos de concentración de la dictadura no había bastado para que estuviese preso. La difusión de la fotografía lo logra. El miércoles 29 de agosto Menéndez quedó detenido con prisión preventiva por “excesos represivos”.
La foto ganó el premio Rey de España (9) del año siguiente. Esa escena resumía la violencia, la omnipotencia y la impunidad de los hombres que habían detentado el poder en Argentina durante los años del terrorismo de Estado. Al mismo tiempo, denunciaba al gobierno electo que lo dejaba en libertad y a los periodistas que lo invitaban como panelista especial a participar de un programa de televisión. La foto mostraba en múltiples sentidos la punta de un iceberg.



La fotografía como agujero y aguijón

El terrorismo de Estado había implementado en Argentina una rigurosa política de desinformación, censura y manipulación mediática, para lo cual utilizó poderosos mecanismos de inteligencia bajo el control del Estado. Esto le permitió instalar una efectiva política de ocultamiento de sus crímenes (10). La sociedad en su conjunto había podido ver imágenes de la represión pública ejercida por las fuerzas armadas recién a partir de finales de 1981. En 1984 no se conocían imágenes salidas del interior de los centros clandestinos de detención (11).
Ver a Menéndez blandiendo un cuchillo en plena calle frente a unos manifestantes significó entonces una revelación. Si esto hacía a la vista pública, en democracia, a la salida de un canal de televisión y con cámaras enfocándolo ¿qué habría hecho este represor en los oscuros subsuelos de los campos clandestinos durante la dictadura?
Frente a la difusión de esta imagen, Alfonsín quedó entre dos fuegos. Por un lado, el escándalo internacional se vio amplificado por la publicación de la foto en los principales Diarios del mundo. Por el otro, la presión militar que pugnaba por perpetuar la impunidad. Para las Organizaciones de Derechos Humanos la fotografía resultó un apoyo inesperado y de efectividad contundente. Legitimaba sus denuncias y lograba concretar un reclamo por el que se habían movilizado miles de personas, en incontables ocasiones, sin haberlo conseguido. A una semana de la publicación de la fotografía, Menéndez quedó detenido a disposición del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas.
Esta foto, con su factor de prueba, su rol de denuncia y su fuerza simbólica, colaboró para “descompaginar” un proceso de consolidación de la impunidad que se intentaba naturalizar. Había en ella algo intrínseco que la volvía poderosa y ningún medio se quería privar de una imagen con esta capacidad de impacto. La prensa amplificó la denuncia y distintos actores sociales sumaron su voz pidiendo esclarecer e investigar lo sucedido. De esta forma, el fotógrafo resultó ser un eslabón clave en una cadena de hechos que a su vez derivó en otras reacciones políticas y sociales que se sucedieron luego de su publicación.
En este caso se dio la excepcionalidad de que fue la existencia misma de esta fotografía lo
que modificó el suceder del acontecimiento. Si la imagen no se hubiesen producido, Menéndez habría estado menos tiempo preso aún del que estuvo. Compone en ese sentido, lo que Didí Huberman denomina “acontecimiento visual”12.
Al mismo tiempo esta foto puede entenderse en toda su complejidad si es leída y analizada como parte y producto de los procesos históricos, sociales y tecnológicos que la hicieron posible y, al mismo tiempo, que le dieron (y dan) sentido. Roland Barthes señalaba que las fotografías tienen una “fuerza constatativa” (13) que atañe más al tiempo que al objeto. Según el semiólogo francés, este “poder de autentificación” es el poder de la fotografía. Por su lado, John Tagg, retomando la categoría de Barthes, agrega que esa fuerza constatativa “es un complejo resultado histórico, y es ejercido por las fotografías solamente dentro de ciertas prácticas institucionales y relaciones históricas concretas...”14
Esta foto tiene sin duda esa fuerza constatativa, pero no por el carácter indicial de la fotografía que obviamente porta, sino por una necesidad social, sostenida y defendida de memoria y justicia, encarnada en actores concretos y por el uso que le dieron a lo largo del tiempo múltiples actores sociales, instituciones y medios. En este caso la fotografía actuó como catalizadora y potenciadora de otros reclamos sociales. Frente al manto de olvido y perdón que se intentaba instalar, la foto irrumpió provocando un agujero que daba fuerza al discurso por la memoria, la verdad y la justicia. De esta manera, ayudó a legitimar los reclamos de los Organismos de Derechos Humanos. Al mismo tiempo fue un aguijón para aquellos sectores que pretendían “dejar el pasado atrás”.
Mientras se intentaba instalar la lógica del peligro de juzgar a los represores en pos de la defensa de la democracia, la imagen mostró (especialmente para la amplia opinión pública) que el peligro era dejar libre a un represor como Menéndez. La impunidad no podía ser una opción, era en todo caso una locura. Por otro lado, la repercusión de esta foto en medios internacionales anclaba en un territorio conocido y se conectaba con las denuncias realizadas durante años por distintas Organizaciones de Derechos Humanos y grupos de exiliados en el exterior.
Esa imagen de un asesino libre que amenazaba impunemente a manifestantes y periodistas era a su vez la contracara de la imagen que Alfonsín había transmitido sobre sí mismo: un estadista preocupado por las formas democráticas y por hacer cumplir el estado de derecho.
Mas allá de su publicación momentánea, la foto comenzó un recorrido autónomo de la agencia que le dio origen y adquirió nuevos significados. Su publicación ayudó a potenciar la denuncia, trascendió lo local y adquirió una visibilidad social imprescindible para impulsar los juicios por delitos de lesa humanidad en el país. Como señaló Walter Benjamin, nos permitió apoderarnos de un recuerdo, tal como surgió en el instante del peligro.



1 En el ámbito académico se dio una larga discusión acerca de los alcances de la “transición”. Algunos la describieron como el espacio temporal entre el proceso de disolución del régimen autoritario por un lado y el establecimiento de una forma de democracia, por el otro. Juan Carlos Portantiero, por su parte, la definió como “un proceso, extendido en el tiempo, cuya primera fase es el inicio de la descomposición del régimen autoritario, la segunda la instalación de un régimen político democrático que se continúa en un tercer momento en el cual, en medio de fuertes tensiones, se procura consolidar el nuevo régimen” (Portantiero, Juan Carlos y Nun, José, Ensayos sobre la transición democrática en la Argentina, Buenos Aires, Puntosur, 1987, p. 262). De esta definición se desprende que toda transición incluye una etapa o fase de consolidación. Pero, para Daniel Mazzei, no se puede utilizar el concepto de “consolidación democrática” hasta que desaparece (al menos como algo inminente) el peligro de un retorno al pasado autoritario (Mazzei, Daniel,“Reflexiones sobre la transición democrática argentina”, Revista PolHis, Nro 7, primer semestre, 2011, p. 9) Las discusiones sobre el concepto fueron parte importante del debate intelectual del período.

2 Ferrari, Germán, 1983. El año de la democracia, Buenos Aires, Planeta, 2013.

3 L. B. Menéndez fue general de División, Comandante del III Cuerpo del Ejército con asiento en Córdoba, desde septiembre de 1975 hasta septiembre de 1979. Su jurisdicción abarcaba diez provincias: Jujuy, Salta, Catamarca, La Rioja, San Juan, Mendoza, San Luis, Córdoba, Santiago del Estero y Tucumán. Fue responsable de todos los campos de concentración que funcionaron en la zona que abarcaba el III Cuerpo, entre ellos La Perla (a 15 km de Córdoba, centro clandestino por donde pasaron más de 2200 personas y casi todas ellas fueron asesinadas). Supervisó y dirigió personalmente torturas y fusilamientos. No fue beneficiado por la Ley de Obediencia Debida y estaba inculpado en cerca de 800 causas. En 1984 fue detenido por primera vez a raíz de la fotografía que aquí analizamos. En 1988 fue procesado por 47 casos de homicidio, 76 de tormentos,
4 de ellos seguidos de muerte y 4 sustracciones de niños. La Corte Suprema lo desprocesó en conformidad con la Ley de Punto Final pero quedaron algunos procesos pendientes. En 1990 fue indultado por el presidente C. Menem. Volvió a ser detenido en el año 2003 bajo el gobierno de N. Kirchner. Está condenado hoy a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad. (Para más datos ver: “Represores argentinos” en http://www.desaparecidos.org/arg/tort/ejercito/menendez/).

4 Entrevista de la autora a Enrique Rosito, 2011.

5 El único diario que tuvo los reflejos rápidos y pudo cambiar su tapa a esa hora de cierre fue Clarín, pero lo hizo con un epígrafe por demás ambiguo en el que se señalaba que el hostilizado por los manifestantes había sido Menéndez y que frente a ese hecho el militar había reaccionado. Bajo el título de “Menéndez: grave incidente”, el epígrafe señalaba: “A la salida de Canal 13, donde había concurrido para participar de un programa periodístico, el general (RE) Luciano Benjamín Menéndez fue hostilizado por un grupo de manifestantes. El militar reaccionó extrayendo un arma blanca. Dos de sus acompañantes lo contuvieron”. (Diario Clarín, Tapa, 22 de agosto de 1984)

6 Los diarios señalan que estaban presentes para realizar el 'escrache' a Menéndez unos quince militantes de la Federación Juvenil Comunista (FJC) y de la Juventud Intransigente (JI), además de las Madres de Plaza de Mayo. Relatan además que este pequeño grupo de manifestantes fue violentamente reprimido y que cuatro de ellos fueron detenidos mientras Menéndez se había retirado sin inconvenientes del lugar, escoltado por el colectivo de la Policía Federal. (Ver Clarín, La Voz, La Razón, La Nación, 22 y 23 de agosto de 1984)

7 Meses antes Menéndez ya había protagonizado un hecho similar que no tuvo la misma repercusión debido fundamentalmente a que no fue fotografiado. En enero de 1984 fue citado por la Comisión de Asuntos Constituciones del Congreso de la Nación por agraviar al Parlamento, ya que había declarado en un programa en Radio Mitre que los que hablaban de “excesos en la represión” (en referencia a los diputados) “eran subversivos”. Menéndez se presentó en el Congreso y unos manifestantes le gritaron “asesino”. El diario La Nación señaló entonces: “Importantes incidentes se produjeron en la entrada del Congreso, el día que Menéndez se presentó, vestido de uniforme, a ratificar o rectificar sus declaraciones. Cuando los manifestantes le gritaban 'Asesino', 'Asesino', Menéndez sacó una pistola 45 –que luego guardó- y declaró ante los periodistas: '¿no ven que todos son comunistas'?”. (La Nación, 18/1/84). (Agradezco esta información a Valentina Salvi).

8 Rosito sacó la foto que resultó más vista por el ángulo y la nitidez con la que se ve la actitud de Menéndez y el cuchillo. Pero había otros fotógrafos allí también cumpliendo su labor. Rosito se encargó de señalar (entonces y ahora) que hay un aspecto azaroso y fortuito en el hecho de que haya sido él quien tomó la imagen más lograda ya que cualquier otro compañero podría haberla obtenido.

9 El premio Rey de España a la mejor fotografía periodística es entregado por la Agencia EFE y la Agencia Española de Cooperación Internacional. Fue creado en 1983 y es el premio a la fotografía de prensa más prestigioso de Iberoamérica.

10 Esta política de ocultamiento, especialmente a través de la desaparición forzada de personas, fue acompañada simultáneamente de una política de visibilidad y producción de imágenes. Se diseñaron desde el poder estrategias de persuasión, discursos, valores y creencias para instalar una imagen de “rostro humano” de los hacedores del golpe. Para ver un estudio sobre este tema: Gamarnik, Cora, 2011.

11 Para un estudio sobre las fotografías de los centros clandestinos ver: Feld, Claudia, 2013; Feld, Claudia, 2014; Longoni, Ana; García, Luis Ignacio, 2013.

12 Didí- Huberman, Georges, Imágenes pese a todo. Memoria visual del Holocausto, Barcelona, Paidós, 2004, p.65.

13 Para este autor, la fuerza de la fotografía reside en poder dar testimonio, ser testigo, pero no de un objeto sino del tiempo. Barthes, Roland, La cámara lúcida. Nota sobre la fotografía, Buenos Aires, Paidós, [1980] 2008, p. 137.

14 Tagg, John, El peso de la representación. Ensayo sobre fotografía e historias, Barcelona, Gustavo Gili, 2005, 1988, p.




Cora Gamarnik. Es becaria de Investigación UBACyT del Doctorado de Ciencias Sociales de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires con el proyecto "Historia del fotoperiodismo en la Argentina (1967-1987). Prof. Adjunta Regular a cargo de la materia "Didáctica de la Comunicación y Prácticas de Residencia" del Profesorado en Ciencias de la Comunicación de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.




Bibliografía

Barthes, Roland, La cámara lúcida. Nota sobre la fotografía, Buenos Aires, Paidós, [1980] 2008.

Didi-Huberman, Georges, Imágenes pese a todo. Memoria visual del Holocausto, Barcelona, Paidós, 2004.

Gamarnik, Cora, “La fotografía de prensa antes, durante y después del golpe de Estado de 1976”, en Fernández Pérez, Silvia; Gamarnik, Cora, Artículos de investigación sobre fotografía, CMDF, Montevideo, 2011.

Feld, Claudia, Fotografía y desaparición en Argentina. Consideraciones sobre la foto de Alice Domon y Léonie Duquet tomada en el sótano de la ESMA en Artículos de Investigación sobre fotografía, Montevideo, CDF , 2013.

Feld, Claudia, “Fotografía, desaparición y memoria: fotos tomadas en la ESMA durante su funcionamiento como centro clandestino de detención”, Nuevo Mundo Mundos Nuevos [Online], Pictures, memories and sounds, Disponible desde el 10 de junio2014, visitado el 17 de Julio 2014. URL : http://nuevomundo.revues.org/66939; DOI: 10.4000/nuevomundo.66939

Ferrarri, Germán, 1983. El año de la democracia, Buenos Aires, Planeta, 2013.

Longoni, Ana; García, Luis Ignacio, Imágenes invisibles. Acerca de las fotos de desaparecidos en Instantáneas de la memoria. Fotografía y dictadura en Argentina y América Latina, Buenos Aires, Libraria, 2013.

Mazzei, Daniel, “Reflexiones sobre la transición democrática argentina”, Revista PolHis, Nro 7, primer semestre, 2011.

Portantiero, Juan Carlos y Nun, José. Ensayos sobre la transición democrática en la Argentina, Buenos Aires, Puntosur, 1987.

Tagg, John. El peso de la representación. Ensayo sobre fotografía e historias, Barcelona, Gustavo Gili, 2005, 1988.




Nota publicada en la revista CIA número 5, publicada en noviembre de 2016

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por Cora Gamarnik, 1 de Mayo de 2017
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