Notas sobre Ryan Gander

La Grande Madre. Oscar Bony, entre otros, Maurizio Cattelan, Leonor Fini en Palazzo Reale (Milán - Italia) desde el miércoles 26 de agosto de 2015 hasta el domingo 15 de noviembre de 2015.
El artista conceptual británico Ryan Gander exhibe por tercera vez en la Galería Lisson de Londres y Ramona intenta entrevistarlo.

"y cuando ya no vuelvas, después del fuego, te seguiré enviando tarjetas vírgenes y mudas, ya ni siquiera reconocerás en ellas nuestros recuerdos de viaje y nuestros lugares comunes, pero sabrás que te soy fiel."
Jacques Derrida, Feu la cendre.

Se trata de una retrospectiva del artista que incluye una gran variedad de piezas. Al ingresar en la galería, el observador atentísimo descubre la primera de ellas. Se trata de un globo de helio negro atascado en el techo, un objeto que contra su naturaleza no puede elevarse y que permanece en una postura difícil, de costado, succionado pero contra la gravedad, con un hilo colgando y haciéndonos señales, a nosotros, al suelo, pero totalmente inaccesible. El techo de la galería es altísimo.

En la primera sala, pasando la incomodidad del globo, aparece Fieldwork (Trabajo de campo). Es una instalación que consiste en una ventana sellada por un vidrio de una sola pieza y detrás de la cual va apariendo una serie de 32 objetos emplazados y movidos por una cinta mecánica. Estos objetos que pasan delante de nosotros sólo pueden ser observados durante unos pocos segundos debido al ritmo mecánico, regular e incesante que impone el dispositivo de la cinta. Delante de la ventana hay una silla y al lado de ésta una mesa con un libro que contiene una descripción para cada uno de los objetos que van pasando. El problema es que el orden de las piezas en la ventana no coincide con el del libro. Además, las descripciones del libro son bastante largas, con lo cual tratar de encontrar el objeto presente en la ventana y luego leer la descripción que le corresponde resulta una tarea físicamente imposible.



Al sentarse en la silla, enfrente de esa ventana, se asiste a un desfile de objetos (obras independientes que el artista produjo durante el año 2015 y que seleccionó especialmente para esta exhibición) y con ellos al juego que nos propone Gander. El espectador se ve atrapado en una cacería de sentido que está destinada al fracaso. Lo que queda de ese desafío es una interesante y rica red de asociaciones, un tejido de relaciones metonímicas difícil de desandar y la experiencia un poco frustrante de haber corrido una carrera detrás de unos significantes demasiado escurridizos.

Es, literalmente, una ventana a los materiales, temáticas e ideas que habitan la obra de Gander. Esa procesión incluye, entre otros objetos, un par de palomas muertas, una pileta de cocina, el envoltorio de un chocolate, una serie de cajas cuyo contenido ignoramos excepto por la única de ellas que es transparente y muestra libras esterlinas en su interior, un oso de peluche torturado y gigante, una caja con inscripciones de Amazon repleta de alfombras, un bate de béisbol rodeado de clavos y una urna de cenizas, aunque no sabemos si tiene o no cenizas.

Lo que se activa a partir de ella es la lógica de la contaminación y de la conjunción "y". El mecanismo de la cinta es aditivo y regular. Conforma un loop que no tiene principio ni fin. No se detiene. Es un objeto y otro y otro y otro. Pero de pronto un objeto se repite. Creo que las palomas se repiten. O la serie de cajas se conecta a la urna roja que ahora pasa delante de mis ojos. Ahora estoy segura, no sé por qué, de que la urna guarda cenizas. La silla es bastante cómoda.

Otras obras que incluye la muestra son dos espejos cubiertos por una tela (escultura) de mármol. I Be... (I) y I Be... (II), presentan dos espejos en los que no podemos mirarnos. Por su parte, en el jardín de la galería se encuentra Night and Day (Noche y día). A simple vista se trata de una carpa de color azul con una luz encendida en su interior. Pero sólo podemos observarla detrás de un vidrio. El jardín de la galería está cerrado. Luego sabremos que no se trataba de una carpa sino que en realidad es una escultura hecha en resina de poliéster. Y más allá otro globo negro de helio atascado contra el techo de la galería.

La última de las obras a la que quiero referirme es la que se titula The artist's second phone (El segundo teléfono del artista). Ella consiste en un cartel de madera gigante emplazado en la calle, a un costado de la galería, donde puede leerse el teléfono de Gander, el segundo teléfono de Gander, publicado para que todos los que por allí pasan lo vean. En la galería me sugieren que lo llame. Por supuesto, no me atiende. Me atiende el contestador automático; me río; interesada en el juego de las frustraciones le dejo un mensaje en español. Ojalá que no entienda.

Ahora que acabo de terminar esta nota y que me surgen muchos interrogantes se me ocurre llamarlo otra vez (la exposición ya terminó; es domingo; son las once de la noche en Londres; tengo miedo de que esta vez sí me atienda y de que se enoje por la hora!) y dejarle otro mensaje en el contestador, uno en inglés, preguntándole si lo podremos entrevistar para la revista Ramona (?!).

Andrea Marquez

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