Bosquejos de un Refugio con carpa, guiso y obra

Refugio. Artistas varios en Punto Galeria desde el sábado 12 de septiembre de 2015 hasta el jueves 1 de octubre de 2015.

En el transcurso de un happening del 18 de agosto en la Galería Punto, entre conversaciones abocetadas en un living en la calle y unas cuantas copas de vino, aparecen los primeros vestigios de lo que sería Refugio.





Tres semanas después (sábado, 12 de septiembre), se monta en el mismo espacio dicha muestra, donde es posible la seguridad y la solidaridad. Conceptos problematizados por una espacialidad que juega con el esnobismo y lo ridículo de una performance culinaria, y con las distancias y las zonas de confort “mediante instalaciones de carpas atípicas, estereotipadas por las producciones artísticas” (Extracto del texto de sala).

Esta acción contempla a aquellos conocidos-desconocidos, que se juntan una noche fría y urbana para realizar un acto culinario y para montar carpas-obras con un lenguaje escurridizo de discursos adyacentes, que si bien abarcan un sinfín de significados, estos podrían desaparecer dentro de símbolos unívocos y universales o no.

Como Oración de Marina Castro, compuesta por tres postes de madera recubiertos por una tela blanca de 3 metros y una lámpara azul colgada desde el centro. Este santuario con el Ho'oponopono (“Lo siento, perdóname, te amo, gracias”, arte antiguo hawaiano de resolución de problemas) escrito con fibrón azul y a mano alzada, comprende toda la carpa.

Castro nos muestra la última instancia, un sin-debate que ayude y solucione, “Se pide una respuesta, […] la oración es un refugio, es lo último que hacés cuando no sabés qué hacer”, comenta. Es inevitable, en este caso, observar reminiscencias sobre temas místicos pero a pesar de las cuestiones religiosas y lo ritualista del rezo, se presenta un aspecto sociocultural, una necesidad anímica y mental: la sed ansiosa como su cura psicológica y psicosomática, el encuentro con la seguridad o un conversatorio propio y autorreflexivo.

Aun así, estos discursos paralelos también pueden ser contradictorios, como en La gracia está en el brote de Paz Velasco Y Clara Rival, donde la tierra y el brote de una planta hablan sobre la dualidad de la naturaleza. Por un lado, se trata de un lugar que posibilita la sensación de refugio, mientras que por otro, aparece la fuerza que exorbita y expone la vulnerabilidad del ser humano.

“Las carpas suelen estar en la naturaleza, son tu refugio […] Esta es completa, aparte de ser avasallante es sanadora” explica Velasco minutos después de haber montado. “Siempre está la paz, pero también está la sensación de lo diminuto que es la persona. Asusta la escala, la comparación de lo que es uno con relación a las dimensiones de la naturaleza”, concluye Rival.

Entonces girando en torno a esta palabra “refugio”, las preguntas se disparan: ¿aun siendo un lugar que simula ser reconfortante y seguro, el peligro puede existir? ¿Este último deja de estar fuera para encontrarse a dentro o solo para a existir cuando uno le da vida y se olvida de toda simulación por más atrayente que fuera?

Y en medio de la reflexión y la acción, se busca lo conocido para dejar de lado la confusión. En este caso Zeque Cerdá, artista y organizador de la muestra, con su obra (Sin título), es quien introduce la intimidad y la noche en una carpa de nylon para no más de tres personas a través de un clima generado por la música, las estrellas pintadas con pigmento fosfoluminiscente y, nada más ni nada menos que la oscuridad.

Con esa misma intimidad espacial se abre camino No viaje de Mara Verena, quien revela un terreno psico-afectivo dejando entre abierto no solo su vivir cotidiano sino también procesos emocionales, la fragilidad y la fortaleza, su hogar en plena metamorfosis que va de la densidad a levedad en cuestiones intangibles, en relatos semi-contados a través de unos objetos que selecciona y otros que son puestos arbitrariamente.

Su obra toma a su hogar e inmobiliario, para convertirse en un refugio necesario y paradójicamente privado/expuesto.

Si bien la movilidad en apariencia está dada por todo lo que supone una acampada o un viaje; el apego a su mesa, a sus sillas, a sus libros (Esto no es una pipa de Foucault, Guía de cuidados al alta, para la mamá y el bebé del Hospital Italiano, La historia del arte de Gombrich y Primer año de vida. Manual de estimulación de Lira), a su tender con ropa de ella y de su hijo de cuatro meses; arraigan a la artista a un contexto seguro, a un no-viaje, un simulacro de viaje. “Yo metí mi casa en la carpa porque es lo que necesito, este donde este. Nada de despojo”, dice Verena.

Esta seguridad y comodidad de la que se habla, la protección ¿qué nos hace sentir protegidos? ¿La oración, una carpa en medio de la naturaleza, un cielo en común, el hogar?

Tal vez solo es necesario tener un techo, propio o no propio, imaginario o material.

Yo te protejo (versión camping) de Matías Piñero, quien después de Voluntad con los estados gravitatorios y la búsqueda de la forma de sus materiales en términos esencialistas, redobla la apuesta y dice “Lo significativo es el techo. De donde uno quiere ser protegido, es desde arriba” produciendo una estructura de ramas en forma de techo “levitador” como diría Mario Benedetti, conformado por varillas de madera en medidas variadas y unidas con hilo de algodón.

En fin, este camino entre carpas y no-carpas, esta noche de sueño en bolsas de dormir y comida comunitaria, genera una muestra que ofrece una visión diferente y recurrente, expresando una necesidad de cambio, tal y como da a entender Verena, artista y co-fundadora de Punto junto a Marina Castro, “Me cansé del espacio frígido de las galerías, necesito hacer cosas vitales donde el arte se vea entremezclado con cosas tan básicas como dormir. Ya no es ver la obra, es dormir al lado de ella”.

En Refugio la instalación-acampada es parte, durante la noche del sábado 12, de un momento acompañado mediante una meditación grupal trasnochada, y un acto culinario a través de la acción de cocinar un guiso. Un guiso de performance que deviene del cruce de contradicciones, ya sea desde la espacialidad que crítica al esnobismo o desde la cercanía-lejanía que desemboca en “un fuerte hacia el interior de cada artista, que invade, trasgrede, ora y brinda” (Extracto del texto de sala).


Artistas:
Zeque Cerdá, Mara Verena, Marina Castro, Paz Velasco, Clara Rival, Matías Piñero.

Técnica:
Instalación/Performance

La muestra se podrá visitar hasta el 01 de Octubre del 2015.


Galería Punto
Pacífico Rodríguez 5.131,
Villa Ballester – Provincia de Buenos Aires
puntogaleriataller@gmail.com
En Facebook

compartir