Yo soy porque nosotros somos

El niño interior y su paraíso. Sandro Pereira en Cecilia Caballero - arte contemporáneo desde el miércoles 13 de agosto de 2014 hasta el sábado 20 de septiembre de 2014.
… Juanito es un "chico pobre, pero no un pobre chico, porque tiene sus ojos cargados de porvenir". Antonio Berni

Desde hace más de un año, lo que comenzó como una idea muy buena, divertida, desafiante e interesante, devino moneda corriente. Así, las presentaciones en lo de Cecilia Caballero-ARTE CONTEMPORÁNEO se volvieron hábito, cada artista que exhibe en su galería siempre es convocado por otro, tendiendo puentes entre la obra de uno y otro. La re-visitación como una suerte de moneda de cambio o de inter-cambio, abre la percepción de los artistas y de sus obras a nuevas construcciones de sentido. En esta oportunidad, Antonio Berni presenta a Sandro Pereira, y Juanito Laguna encuentra un nuevo amigo en Sandrito.

En la pared del fondo un Juanito Laguna gofrado en blanco y negro se dispone a recibir el prismático abrazo de su nuevo amigo. El horizonte es el arco iris y toda la gama de emociones que cada uno de esos colores puede despertar. A cada color, una energía diferente. La serie de pequeñas y multicolores esculturas en diferentes situaciones de “juego con”, las pinturas al acrílico y la instalación de peluche con sus largos, peludos y suaves brazos juguetones, son autorretratos de Pereira. Todos son Sandrito. Sandrito que juega con el perro, con el gato, con el loro, con la pelota, con una flauta, con otro amigo... Sandrito que espera a su amor. Sandrito que sueña. Sandrito que nos extiende sus brazos. ¿Quién es este Sandrito? Es el niño interior del artista tucumano, que nos recibe con un abrazo, apelando a la inclusión social a través del juego, el afecto, el cariño y el amor de la amistad.

El quehacer racional plasmado en la materialidad de la obra de Pereira, da cuenta de la capacidad que todos poseemos para operar en nuestro entorno, asegurando que la subjetividad y el crecimiento espiritual se impongan por encima de lo instintivo bestial. Esa capacidad es el deseo del yo interior, que experimenta la trascendencia saliendo del propio espacio hacia el del otro, creando con su creación un nuevo espacio: el de la coincidencia. Una vía de una mano y doble circulación: el artista saliendo al encuentro del espectador y el espectador saliendo al encuentro del artista. Nuestros gestos y acciones nos determinan, así como definen nuestra influencia por medio de la empatía que generamos y establecemos en-con el otro y lo otro.

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