Espectros*

Baroque. Joe Bonomo en Rusia desde el jueves 12 de junio de 2014 hasta el sábado 12 de julio de 2014.
Me pregunto cómo siendo todo eso que sos, lográs hacerte invisible. Sos como un testigo de ser vos mismo

Podríamos decir que la fotografía (como arte) siempre se trata de lo mismo: una presencia velada inscrita en el marco exclusivamente visual que plantea una imagen generada por la tecnología.
En “Baroque”, de un lado están los cuerpos masculinos; del otro el paisaje. Pero todo está mezclado, si el espectador se entrega, si olvida el tiempo que separa a las imágenes, si traza nuevas distancias.
Gozo entregándote al sol/dándote un rol/ambivalente. Puedo espiar sin discreción/como un voyeur en vacaciones.
Apenas velados, inevitables como los fantasmas ocultos en las instantáneas familiares, hay despojos nocturnos y restos sexuales en las fotos que muestran cuerpos dormidos en el camp de los hoteles alojamiento. Los cuerpos son, a su vez, restos y despojos de una vida íntima que el artista abandona momentáneamente para registrar, convirtiéndose de esta manera en testigo de su propia experiencia, se desprende de sí mismo y se transforma en espectro y en espectador.
Dos rocas por las que se cuela la corriente de un río/ dos hombres trenzados en una toma de lucha grecorromana: la energía vital que fluye entre ambos pares se vuelve evidente y su roce con los cuerpos inertes de las piedras y los cuerpos endurecidos de los luchadores parece el punto de encuentro de ambas fotografías. La fricción; más que el roce, más que la cercanía, el par homogéneo que en un encuentro sin un pleno contacto experimenta la tensión. Un pequeño espacio entre dos rocas, una brecha, es el espacio negativo, vacío, de lo que no es pero puede llegar a ser. Dos rivales luchando en una arena, dos rivales pujando por la victoria que será para el que con más fuerza someta al otro en un intercambio de golpes, de cercanías y de lejanías, de contacto y de alejamiento; la victoria que llega para el que con más voluntad ejerza fuerza sobre el otro, sobre el cuerpo del otro. Contacto. Fricción. Toda mi pasión se elevará/viéndote actuar/tan sugerente.
Una lancha remolcada por un vehículo escasamente visible transitando los caminos que llevan a los valles Calchaquíes. Al fondo se ve la vegetación frondosa e imponente de los cerros tucumanos. Y de ese telón verde, lleno de volúmenes que sobresalen, se proyecta hacia adelante una suerte de brazo arbóreo que causa el efecto de estar cerniéndose sobre la lancha a la vez que imita, como en resonancia, la forma de la lona, también verde, que la cubre. Cuando vayas a los campos/ no te apartes del camino/ que puedes pisar los sueños/ de los abuelos dormidos.
Una curva del camino, la mirada volcada, se eleva. La forma envuelve a la contemplación, el cemento sobre la tierra. Un montículo de materia orgánica, gesto de lo que queda después de una tarea. El carbón, de lo que fue árbol, la ceniza de lo que fue carbón, fuego y árbol.
En cada imagen parece anidar alguna clase de ánima, a lo mejor los sueños de los abuelos dormidos, o esa presencia certera pero invisible que se repite. No le tengo miedo a los fantasmas/si estás viendo cosas pasar a través de tu cabeza, ¿a quién llamas? ¡caza fantasmas!/ Un hombre invisible durmiendo en tu cama, ¿a quién llamas?/¡caza fantasmas!

Cada imagen, sorprendida, por una vez, en el instante preciso en que se manifiesta.

*texto colectivo realizado en el taller "Leer, escribir, y comunicar el arte".

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