Metáufora de Leandro Katz, Leonel Luna, Luis Benedit en Casa de la Cultura del Fondo Nacional de las Artes

Metaúfora. Leandro Katz, Leonel Luna, Luis Benedit en Casa de la Cultura del Fondo Nacional de las Artes desde el viernes 6 de junio de 2014 hasta el domingo 6 de julio de 2014.

Las afinidades electivas son siempre misteriosas. ¿Por qué una cosa está al lado de la otra? ¿Qué hace que una obra nos fascine y nos interpele? ¿Cuál es la razón por la que otro artista no sólo es un colega sino un amigo y también un partenaire o un compañero de correrías? O en términos más concretos: ¿cómo fue que esa fisura en la tierra convive y simpatiza con el altar del Gauchito Gil y la Difunta Correa? ¿Por qué el Monumento al trabajo de Rogelio Yrurtia nos hace girar, una y otra vez, por la rotonda del Paseo Colón para entender su orden extraño? En fin…¿por qué caminos llegaron a juntarse Leonel Luna, Leandro Katz, Luis Benedit?

La primera respuesta que se me ocurre es que ellos son los perversos de la historia. Le inoculan al pasado el líquido del presente y lo distorsionan para volverlo más verdadero. Visitan una imagen o un objeto y lo recrean, lo retitulan, lo ponen en una cajita o lo juntan con otro que lo perturba. Esto nos lleva a la segunda respuesta: los tres son artistas del montaje. Pero no cualquier tipo de montaje sino del que se interna en la imagen o en el objeto para desmontarlo y exhibir su carácter violento e intempestivo. Si la historia domesticó esa imagen, ahí están ellos tres para reabrirla y exhibir toda la furia y la violencia. Y los tres lo hacen de manera muy diferente. Esa es la tercera respuesta a la pregunta sobre las afinidades: los tres están juntos por las divergencias y las singularidades. El montaje de lo incompatible que ellos aplican en sus obras se aplica también al encuentro que tiene lugar en esta galería. Pero vamos por partes.

Afinidades de lo divergente: Benedit y Luna trabajan con el campo. Katz viene de la gran ciudad. Luna ahora se volvió más urbano, con su cirugía ciruja del Monumento al trabajo de Rogelio Yrurtia, pero así y todo coloca a los personajes en un entorno arbolado. Los tres son investigadores, obsesivos y forman con aquello que toman sistemas. El sistema de los objetos vueltos siniestros por la mera operación del enmarcado, por el asedio de la obra históricas desde el presente, por las imágenes que toman posición. Benedit, además, llega desde el otro lado para traer esos objetos del campo que servían para las tareas laborales y que los sucesos argentinos han cargado de un sentido perturbador. Como si la tortura fuera el testimonio más claro de que dejamos de ser humanos. La pinza mocheta o las tijeras de castrar o de tuzar (que sirven para cortarle las crines a los caballos) están ahí inutilizadas en las cajitas pero al contemplarlas, no podemos evitar un escalofrío.

Artistas del montaje: El montaje une y separa, disgrega o combina, fusiona o desconecta, asocia y fracciona. Lo importante en esta relación es la Y, esa letra latina que afortunadamente tiene la forma de dos senderos que se mezclan o uno que se bifurca, depende cómo se la mire. Lo importante también aquí es la O, que es como un círculo cerrado o una boca abierta. Conjunciones y disyunciones, conjunciones o disyunciones. Leandro Katz lo sintetizó en una fórmula: Y/O. Pero la fórmula, claro, admite otra lectura: es un yo escindido en su núcleo mismo. El espectador, partido él también, debe juntar las imágenes de ruina y relacionarlas: no sólo en los pares (la Libertad y el Comunismo, la estatua y la bandera, el turismo y la militancia) sino entre diferentes grupos (las banderas rojas de Lenin y las del Gauchito Gil). El montaje –como nos muestra Katz– es sobre todo lo que nos excede.

Perversos de la historia: Los instrumentos del campo observados desde nuestra historia reciente, la superposición en nuestra mente del ojo y la máscara, las obras de arte que son nuestro patrimonio histórico. En Canto al trabajo, Leonel Luna se enfrenta a Rogelio Yrurtia (ya antes lo había hecho con Blanes, Guinnard, etc.) y parte de una frase enigmática del propio escultor: “Un canto al amor, una representación de lo que la mujer significa en la vida de los hombres: ella nos conduce de la angustia al triunfo de la familia”. El hombre en cruz, la mujer que mira al horizonte, la familia que parecen formar los primeros cuerpos (madre, padre, tres hijos), todo es desestabilizado en la remake de Luna. Se pasa de la piedra al cartón y de la erección a la inclinación, para hurgar entre los restos. Así hace también el artista. Convierte la marcha en danza y la mujer ya no nos conduce a la familia sino al deseo, lo que nos desvía del trabajo.

Senderos bifurcados que se cruzan. Son los curiosos perversos de la historia, los artistas del montaje, los que misteriosamente se encuentran en una galería.

Gonzalo Aguilar

Casa de la Cultura del Fondo Nacional de las Artes
Rufino de Elizalde 2831
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