Las Formas del Horror

58º Salón de Artes Plásticas Manuel Belgrano. Marcelo Bordese en Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori desde el martes 18 de marzo de 2014 hasta el domingo 18 de mayo de 2014.
Por Jusa
Marcelo Bordese

Las Formas del Horror

“Gólgota”, la obra de Marcelo Bordese premiada en el Salón Manuel Belgrano, tiene un lugar preferencial en la sala de exposiciones del Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori. Si bien la muestra reúne a todas las obras premiadas en el 58º Salón de Artes Plásticas Manuel Belgrano, esta es una de las primeras en atraer la mirada. No se trata de una sensación aislada, las pinturas de Marcelo suelen tener un inusual magnetismo que trasciende el juicio valorativo. Resulta difícil digerirlas pero estamos dispuestos a hacer el esfuerzo.
Gólgota o calvario es el nombre dado al monte o colina a las afueras de Jerusalén donde tuvo lugar la crucifixión de Jesús. En este caso el crucificado es uno de los personajes o deformes (así los llama Marcelo) mientras otros cuatro seres híbridos asisten al evento que transcurre en una escenografía del inframundo, montada, claro está, para un invitado de honor, el espectador. Si bien Marcelo asegura que su obra no tiene un mensaje, la fuerte carga simbólica de la imagen dispara todo tipo de cuestionamientos. En mi caso la pregunta principal se conecta con las formas del horror o la posibilidad del arte de expresar lo abyecto. Esta y otras preguntas formaron parte de una entrevista que me concedió Marcelo a fines del 2013 luego de recibir el primer premio en el Salón Nacional y que resumo aquí esta vez a causa de la última premiación.

Marcelo: Cuando hay horror no hay metáfora pero esto no significa que la metáfora este vedada para representar ese horror, no es que no sea legítimo recurrir a la metáfora, sino que la metáfora es un camino posible para abordar ese tema. Lo paradójico es que probablemente poco haya fuera de la metáfora para hacerlo y quizás gracias a ella se hace digerible, lo que es repugnante en la realidad se hace más tolerable.

Jusa: ¿Es posible una redención del horror a través del virtuosismo técnico, como planteaba Aristóteles con la noción de la sublimación estética?

Marcelo: Cuando algo es pasado por el filtro del arte se torna más tolerable que el frío registro de la realidad. Un cuerpo atormentado nos hace desviar la vista de una fotografía mientras que en una pintura es más asimilable, aunque esto no deja de ser un misterio.

J: ¿Cómo sería entonces una mímesis del horror?

M: El arte no reproduce el mundo sino que crea mundos, se trata de hacer visible lo invisible. Está también la historia del autor que hace que la realidad se transfigure, el cuadro es una versión transfigurada.

J: ¿La intención estaría entonces en la transfiguración más que en la reproducción?

M: No siempre se trata de una intención, la obra ocurre pese a uno, por eso digo que no me hago cargo de lo que pinto, lo que hacemos tiene que ver con lo que queremos y con lo que no queremos. Un autor es también lo que no quiere ser y representa también lo que no es. Esto tiene que ver con la irrealidad de lo real. Ciertas escuelas como el surrealismo planteaban plasmar lo irreal. A mí me pasa lo contrario, que lo real me resulta muchas veces irreal.

J: Es una sensación de extrañeza en relación al entorno, algo que de pronto genera sospechas…

M: Tiene una carga que trasciende lo que estás viendo, pero desde un lugar sencillo, me refiero al desconocimiento de lo familiar o Unheimlichkeit. Por ejemplo a mí me asusta muchísimo la sangre y yo pinto mucha sangre, la gente piensa que soy una especie de vampiro y que pinto sangre porque me gusta la sangre, pero uno también pinta lo que no quiere.

J: También opera una proyección del espectador, que agrega sus propios temores, deseos…

M: No solo eso sino que llega un momento en que es menester una distancia entre el autor y su obra. Imaginate un actor que hace de Hamlet y vuelve a su casa y sigue pensando que es el príncipe de Dinamarca, algo no funciona… fue un verdadero quiebre en mi historia privada descubrir que es recomendable una distancia de la obra.

J: ¿Es por eso que describís a tus criaturas como “involuntariamente grotescas” como si tuvieran cierta identidad independiente? Se trata de crear esa distancia, como si al arrojar tus criaturas al mundo tuvieran vida propia.

M: Si, ellos padecen, son una metáfora del horror de existir, pasa por un horror general pero también por la incertidumbre misma de existir, el mero existir es casi monstruoso, somos arrojados al mundo sin nuestro consentimiento… la tragedia reside en los dos caminos que quedan, o seguir remando y encontrarle un sentido a la vida o… El sentido en mi vida ha sido pintar; hace unos años atrás la pintura me salvó la vida. Hice muchas cosas en la vida, si bien nunca deje de dibujar y pintar, busqué otros caminos, pero hace años que le juego mi sangre, mi sudor, mi semen a lo que hago, soy un romántico en estado puro (léase Romanticismo del siglo XIX).

J: ¿Cómo se articula el humor con el horror?

M: El humor en la obra muchas veces lejos de apaciguar su carga trágica puede llegar a potenciarla. Me parece que es un poco pueril pensar que el humor viene en auxilio del horror, que mitiga la carga trágica, sino que hay algo metafísico en la carcajada, ¿por qué asustan los payasos o la risa del Guasón? El humor lejos de un camino de redención a veces remite al horror mismo, es un aliado del horror.

J: ¿Pintás monstruos?

M: No, yo los llamo deformes.

J: Me refiero a la monstruosidad como hibridez, un ser en proceso que desafía la norma humana, por exceso u omisión; una trasgresión de los límites de lo humano. Creo que esto es observable en tus trabajos.

M: Si, son seres monstruosos pero yo evito esa palabra por el temor a que el monstruo remita a una simplificación o banalización de su deformidad. Mis seres sufren tremendamente…la idea de monstruo remite al cine de ciencia ficción, a Hollywood, mientras que los deformes tienen que ver con el desconocimiento de lo real. El deforme puede llegar a trascender cierta deformidad física; la deformidad incluye a la monstruosidad pero la trasciende. El deforme padece su deformidad, hay cierta deformidad que trasciende los rasgos representados, sin redención, no tiene posibilidad de que su cuerpo cambie, padece su rareza. El deforme es más complejo, más humano.

J: ¿Qué tienen de humanos?

M: ¡Son humanos! Se vuelven humanos porque en ellos está todo potenciado, sufren el horror de sus cuerpos, el desamor, la discriminación, no entrar en ninguna categoría, es el infierno perfecto, son mártires.

Hay una inmanencia barroca y desesperada en las palabras de Marcelo que se torna intransferible. Es la marca irreparable del instante que se desvanece y que busca retener por medio de reiteraciones y expresiones enfáticas. Se vale de la precisión del lenguaje como una tentación de explicar el mundo, por eso cada palabra es una reina. Piensa unos minutos, se levanta una y otra vez, hay tantas cosas que quiere decir y que quiere mostrar pero el tiempo transcurre irremediablemente. Deja en cada palabra una parte de sí, un fragmento que no hace justicia al caudal vertiginoso de sus pensamientos que le salen por la boca, por los ojos, por las manos… Algunos pocos se hacen tinta en este texto, muchos escalan las paredes y se escabullen en algún recoveco del taller para dar vida a nuevos deformes. Ellos son el reflejo de lo pendular y exacto que habita al Borde-ese del mundo.

Más sobre Marcelo Bordese
http://artebus.net/bordese/

compartir
Con el apoyo de