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s/t. Javier Carricajo en ECU - Espacio Cultural Universitario desde el sábado 22 de marzo de 2014 hasta el viernes 9 de mayo de 2014.

Entre la intriga criminal –Esas son perlas que fueron sus ojos– y las referencias sexuales dirimidas en juegos eróticos tensados por referencias sadomasoquistas –Nada que no quieras que te haga, Juego de interior, Presión– Carricajo recupera con sus obras el goce de la contemplación, pero desde la perspectiva inquietante del voyerismo. Es como si de manera inopinada atisbáramos por el ojo de la cerradura ante el apuro de ser sorprendidos. Las escenas siempre quedaran fragmentadas, inconclusas, por lo tanto, pasibles de interpretaciones equívocas.

Para realizarlas echa mano de recursos pictóricos tomados del más rancio clasicismo tanto técnico como estilístico, donde el naturalismo mimético, resuelto a través del claroscuro y la veladura, asume las maneras formales y cromáticas de maestros renacentistas, manieristas o barrocos. En cuanto a los asuntos, traza una singular mixtura entre referencias sancionadas por la historia del arte y una llamativa contemporaneidad en cuanto a la apariencia de los personajes y de los objetos implicados, producto de fotografías tomadas y editadas por el mismo artista como bocetos preparatorios y obtenidas de su entorno cotidiano.

Así procede para Mintiéndole a la muerte donde propone una Pietà de estudio, en la que el desnudo ensaya abandonarse en un magnífico escorzo sobre simples sillas, como si la actualidad de este Cristo pusiera énfasis sobre el pesimismo individualista del dolor solitario.

La banana es en la obra de Carricajo un blasón. Trivial símbolo fálico integra composiciones variadas, ya blandida por una mano enguantada o, como en Oda a la banana, ofrecida en bandeja para su devoción por una joven de descuidada exuberancia. Las pinturas parecen el resultado de una sesión de croquis entreverada con una de fotos publicitarias, en las que se desliza incluso el tedio de la modelo frente a la reiteración de poses. La teatralidad de las puestas en escena, derivadas de las tradiciones pictóricas aludidas, es incidida por esquirlas de un “aquí y ahora” que potencia la verosimilitud con la expresividad del artificio. Otra lectura del mismo motivo ofrecen Ejercicios en solitario, en los que la aparente “amabilidad” temática de los bodegones es contrariada por la incómoda referencia a un erotismo traducible en guarras sentencias populares, al tiempo que propone una reflexión irónica acerca de aspectos autorreferenciales –el artista los denomina “masturbatorios”– de la práctica pictórica.

En El sueño de otro, ejemplo de su reciente incursión en la escultura, la labilidad de la cera con la que trabaja se condice con la de lo representado, así como su morbidez replica las elaboradas texturas de pinturas y dibujos. Como en ellos, la sensualidad del tratamiento plástico se suma a la extrañeza de la escena: cinco bananas se posan como una mano sobre una cabeza, cuyo talante sublime es impugnado por la irrupción de las frutas.
Otra figura recurrente es la mano enfundada en un guante negro, presente en El especialista, contrapartida tridimensional de series de dibujos como Apretado y Calce, cuyas explícitas connotaciones trazan un vórtice de sobrentendidos. Algo similar sucede en Presión, cuyo espesor significativo aumenta en la desarticulación de las referencias iconográficas consagradas como el martirio de Santa Ágata o el retrato anónimo de Gabrielle D’Estrées.

La potencialidad de estas imágenes se abre al encuentro de la mirada personal de cada observador, interpelando de manera simple e intensa su intimidad, provocando un vaivén entre rechazo y perturbadora atracción, proceso que revelará más de nosotros mismos, mucho más de lo que es dable apreciar en tan esquivas y sugerentes representaciones.

Adriana Lauria
Profesora e investigadora de la UBA
Miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte
Curadora del Centro Virtual de Arte Argentino


ECU (Espacio Cultural Universitario)
San Martín 250
Rosario

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