ARCHILLAVES (iMaGeN & eNiGMa)

Pequeños multiples. Gabriela Cárdenas en Espacio Niceta desde el viernes 1 de noviembre de 2013 hasta el sábado 16 de noviembre de 2013.

Reducir la articulada huella arquitectónica a una clave, al ojo de una cerradura, un stencil de alta precisión, un pictograma con el sentido acorazado en su perímetro, ¿será una operación esotérica? ¡Pero la arquitectura es esotérica! (έσώτερος: “conocimientos y técnicas secretos o de difícil acceso”). Casi ninguna pintura y muy pocos libros encierran su contenido bajo llave, pero todo el “dominio” de la arquitectura es inseparable de nuestra fantasía tecnometafísica de hacer [in]accesible.

Como objeto técnico, lo arquitectónico promete, a través de una controlada diferenciación, la eficiencia ambiental y la eficacia simbólica –y como todo objeto falla o se inscribe como falla: de ahí el recurso a absolutizar su figura, volverlo clave o tipo, aislado e inmunizado, sin partes, pieza total. Heidegger indica que en la época técnica lo que sustituye al objeto es la pieza: “la pieza es distinta de la parte: la parte participa de la totalidad, pertenece a ella; la pieza en cambio está alienada y es en cuanto pieza lo que es, incluso bloqueada respecto a otras piezas”. Este bloqueo indica la falta de pasaje entre la sofisticada diferenciación técnica de nuestros objetos y la insuperable banalidad simbólica que podemos adscribirles –como si realmente todo sentido, puesto por nosotros, nos fuera ajeno, cerrado bajo llave.

En Pequeños múltiples hay dibujos y calados de una precisión que es casi una clausura. El cutter escalona, en láminas sobrepuestas, un ajuste de bordes –la caja arquitectónica... como combinación de caja fuerte! Unos fugados encastres bicolor replican el cierre bimetal de seguridad que frente a un cambio de temperatura queda clavado. Con puntas de grafito y acero, GC nos acerca el vértigo-voyeur que siempre debería darnos la operación técnica más elemental: hacer un agujero.
El delirio analógico de remitir el arco completo de la variación arquitectónica a la marca sólida de un perfil-en-clave: un arquitecto podría no ser otra cosa que el diseñador de una baraja de arcanos (Atlas de perfiles: el Claustro, el Teatro, la Maison, la Ermita, etc.). O un tipógrafo: la pura convención de la perspectiva (una de nuestras ilusiones preferidas) sólo usada para la progresión plana de un trapecio. Progresión es también el lenguaje del mapa, sin duda: los continentes son terrazas, la deriva de sus fronteras acompaña el proceso de la modernidad casi en el sentido contrario al de expansión (como una forma de sujeción y de control -para ciertas poblaciones, la inmaterial línea de frontera está cerrada también con 7 llaves).

Litoral literal, borde de letra. Ya con asombro, el flyer de la muestra encuadra 10 x 22 figuras (-3), 10 filas-emanaciones (sefirot) y 22 columnas (sefirat, una por cada letra del alfabeto místico). Esta simpática tarjeta podría ser el catálogo de todo lo existente, el archivo de un Cuerpo in-finito y absoluto atravesando la pérdida o Caída –no una agregación diferenciada y articulada, sino una síntesis de usura: lo que era un trazo complejo, perdido su rasgo combinatorio y parcial, deviene figura arquitectónica en sentido críptico, archillave, signo homogéneo y aislado: letra cabalística (Ot), uno de los tantos nombres del Uno. ¿A qué viene este delirio representacional, esta consistente solución de lo real por el trazo?

Digamos oposiciones comunes, como "dibujo y edificio": ¿se emblematiza como signo o letra un “cuerpo real”, al modo de monumento mnémico por el límite que lo demarca? Quizá no: un sentido común del error es otorgar grados a la representación (creer que la copia es menos real que el original, que un edificio es más real que su dibujo) cuando la radical asunción de nuestro mundo de representación es ver pospuesta como deseo la nuda voluntad (ser en imagen, haber convertido para siempre el instinto en repetición). De modo que nunca nos está garantizado el sentido de un acto, porque aun lo más anhelado es un rodeo y una re-aparición (lo superficial es lo más profundo). Cuando volví de la inauguración de GC repetían en TDA Solaris de Tarkovski: el protagonista, doblegado en su voluntad por la inestable reaparición del cuerpo amado, se explica: La amo -¿A cuál, a ésta o a la que montaste antes en el cohete? No conviertas un asunto científico en un asunto de amor. Ahh claro, ¡pero si la representación siempre nos conduce a eso!!: el sujeto, aún armado hasta los dientes por la técnica, habla, y dice otra cosa. Así también construye. Y eso vuelve enigmático el perímetro de lo que hace.
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