Tonta luz de Nicolás Bedel en SlyZmud

Tonta luz . Nicolás Bedel en SlyZmud desde el domingo 23 de junio de 2013 hasta el viernes 30 de agosto de 2013.

Composition #11 Tonta luz de Nicolás Bedel
inauguró el 27 de junio en SlyZmud

La estrellas pintándose a sí mismas
Desde el Big Bang la luz ha creado el universo, revelándolo. Porque, como dicen los rosacruces, ¿quién más podría haber hecho al ojo, si no la luz? Somos hijos de la luz, y no solo en el sentido metafísico: estamos hechos de astros luminosos; cada átomo nuestro nació en el horno nuclear de una estrella y fue esparcido hace billones de años en el orgasmo cósmico de alguna supernova. Algo en nosotros resuena muy profundo al reconocer ese origen, y sospecho que es eso lo que vibra en mí frente a la obra de Nicolás Bedel.
Siento que las estrellas se pintan a sí mismas a través de este intenso médium.

No puedo evitar pensar en Parmigianino, genio pictórico renacentista que habiendo alcanzado una cumbre de la forma y el color, decidió abandonar el mundo aristotélico y gastar el dinero de los encargos de la Iglesia en búsquedas mucho más pertinentes: la alquimia y la magia. Terminó muriendo loco, enfermo y pobre, a los 37 años. Pero siempre pensé que Parmigianino hizo bien. Sintió que toda esta ilusión de forma y color era un divertimento para la farsa del mundo y quiso ir más allá para aventurarse en los reinos del espíritu. Nicolas Bedel hace un camino equivalente pero inverso: muy consciente del circo en el que podemos naufragar comienza por apartarse, ya sea flotando solo y por horas en el mar en medio de la noche, o sumergiendose por días en alguno de sus
estudios-laboratorios donde da luz a sus criaturas. Cual demiurgo dirigiendo el caos original, enciende su atanor alquímico, mímica de aquel otro estelar, para dejar que los pigmentos, los venenos y los compuestos hagan lo suyo. No se da crédito alguno por lo que las sustancias hacen, llega a referirse a sus mezclas mágicas como si se tratara de entidades autónomas que solo siguen sus reacciones naturales. Pero estos preciosos paisajes astrales revelan a un artista extraordinario. Que no busca la piedra filosofal sino que, intuyo, entendió lo que muchos alquimistas no: Somos la piedra filosofal, somos el mismo universo. No necesitamos más que dejarlo que se manifieste a sí mismo y se revelará hermosísimo en cada accidente. Este químico experimental, pintor científico, apotecario, cocinero y surfer me remite a los artistas de otras épocas en su cosmovisión y ausencia de cinismo, y sin embargo lo siento muy afín a lo que viene: un arte que desde su potencia generativa deja hablar a la magia, a la mutación, a lo incierto, a la belleza y abre portales para los no iniciados. Miro de nuevo sus obras, a las que llamar 'pinturas' sería minimizante, creo, y veo el mundo intrauterino, el óvulo, el coágulo, las nebulosas protoestelares , la iridiscencia nacarada de las alas de las mariposas y la fosforescencia de las criaturas abisales, veo mundos en gestación y, llevado por su luz, me disuelvo en ellos como si escuchara la música más cósmica.
Diego Gravinese
BsAs, junio de 2013

Nicolás Bedel

Siempre pensé en el mar como la posibilidad de proyección y entonces (necesariamente) de introyección infinitas. Esa presencia que miramos y al hacerlo nos translada hacia lo inagotable, porque está ahí pero a la vez esta en todos lados, porque esta misma porción de mar que nos moja, a la vez baña las costa Amalfitana, o Caribeña, sí, este mismo fragmento de agua, de realidad.

Así, el mar, se me antoja la analogía más precisa y preciosa del universo entero, que esta acá, lo vemos cada vez que abrimos la mirada, y a la vez, nos envía al infinito, a un "más allá" constante.

Con el Universo, como con el Mar, siempre hay un más allá… (un más acá, un más adentro…)
Y no es casualidad, que esa misma sensación me atraviese cuando me encuentro ante la obra de Nicolás Bedel, siempre hay un más allá, un re-descubrir, una posibilidad abierta de proyección y profundidad.
Como la marea, que siempre va y viene, como si el mar se contradijera sin anularse, potenciando su poder, la obra de Nicolás nos plantea el mismo juego, la insistente precisión científica de la técnica, con la liberadora emoción de la imagen, que fluye y nos transporta.

Descubrir que el mismo universo se contradice. Que todo esta por verse… No voy a revelar ningún secreto con mis palabras, pero al menos intentaré, junto al astrofísico Alemán Marten Lefeldt y el artista artista Argentino Diego Gravinese, introducirlos en la experiencia.
El fenómeno esta ante sus ojos.
Larisa Zmud, Mar del Plata, Junio 2013

SLYZMUD
Bonpland 721
larisa@slyzmud.com

compartir