New Economy de Laura Langer y Liv Schulman en Sendros

New Economy. Laura Langer, Liv Schulman en Alberto Sendrós desde el jueves 27 de junio de 2013 hasta el viernes 26 de julio de 2013.

New Economy de Laura Langer y Liv Schulman en Sendros
inauguró el 27 de junio en Sendros

Muestra curada por Claudio iglesias, reúne obras principalmente de dos artistas jóvenes Laura Langer y Liv Schulman que muestran por primera vez en la galería Sendrós, con una colaboración de la artista Victoria Colmegna.

Una pregunta del curador a Liv Schulman


La pregunta es sobre Francia: tu relación de amor odio con Francia, la ortopedia y la escultura moderna.

Para mi Francia es una sola palabra: educación.
Un lugar en el que se abre un sinfín de caminos propedéuticos para que, con el pasar de los años, nuestras mentes adquieran la suficiente distancia crítica sobre el mundo y la historia del arte. Pero ese momento nunca llega. Un año tras otro nos internamos en maestrías y diplomas de estudios, en grandes escuelas de arte de difícil acceso, donde los jurados completamente convencidos de su papel insisten en la calidad del arte que se produce allí y su peso en el mundo real (en el cual es conveniente no existir como artistas antes de ser artistas completos).

Todo lo que se produzca en la escuela de arte francesa debe ser singularmente experimental pero nunca idiota y debe estar protegido de cualquier vulgar fin mercantil. Es por eso que hay que poner un corpiño de plexiglás alrededor de las obras: todo es forma, todo es un comentario sobre la forma, todo es historia. Una de las peores ortopedias francesas es el discurso sobre las formas. Pero qué lindas son esas formas: bases brillantes en forma de icebergs, plexiglases cuadrados y rectángulos que esconden dibujos detrás de vidrios ligeramente polarizados, vitrinas abiertas que nos recuerdan el esplendor colonial.

Pero no quisiera ser desagradecida, me gustan mucho las estéticas colonialistas. Una de las virtudes del colonialismo es precisamente la educación.

Francia es un lugar perfecto que conserva todos sus bienes históricos intactos, un lugar moderno. En Francia el arte no está muy vivo pero los muertos están muy vigentes. Los cadáveres siempre tienen esa cosa escultural.

No hay que olvidarse que Brancusi vino a pie desde Bucarest para estudiar en el Beaux Arts de Paris.

La ansiedad que florece en un paisaje entristecido según Laura Langer
Diez paisajes urbanos en distintos tonos de verde, azul y amarillo despliegan un recorrido por una ciudad, visto desde un auto. Las pinturas, de 1m x 0,70m, muestran escorzos; surgen de fotos casuales. Todas tienen un aspecto de apuro, de circulación incontinente. Edificios de oficinas, hileras de autos estacionados, parquímetros, luminarias: las herramientas de cualquier ciudad, copiadas a mano alzada, definen un vocabulario de planos de color irregulares. Las rectas se tuercen en el dibujo. Los lisos se vuelven estriados en el pincel. Todo tiende al verde y a impregnarse de una luz filtrada. El hormigón deslucido de una gran ciudad envuelta en una lamentación cromática adquiere entonces una calidad marchita y genérica. En esta ciudad podrían deambular empleados de cabeza gacha, adocenados como los surcos de pintura que describen el pavimento, las veredas, las indicaciones de circulación. Pero solo hay tráfico de vehículos. Las superficies, sin embargo, se expanden con una especie de respiración.

La verticalidad de algunas de las imágenes parece coincidir con un momento de euforia o una epifanía productiva en el encastre del tráfico. El sol puede pegar de refilón sobre la piedra amarilla. El tejido urbano se organiza en pinceladas que parecen martillazos al borde de la saturación.

Este paisaje de ciudad, en general mustio y vacío, tiene su punto de origen en la avenida Corrientes, a la altura de Maipú. En medio de bloques de hormigón triste, la Iglesia Metodista se proyecta sobre la grisura vertical del cielo, entre tonos apagados y cierta indecisión. El sentido del color es difuso; el beige se malentiende con el ruido urbano que prolifera a los pies de la entrada. El resto de las imágenes adquiere gradualmente un sistema cromático y una estructuración visual. Rectas y curvas se reparten el plano, protagonizado masivamente por un colectivo o la superficie vidriada y lustrosa de un edificio de oficinas de ventanas lloronas.

La hipocondría del sistema cromático cunde hasta llegar a los grandes teatros de Buenos Aires, una cuadra en el sentido inverso del tráfico. El Tabaris, del que se reconoce la tipografía, y el Opera, imponente y brillante. Dos grandes fábricas de entretenimiento, voluptuosidad y pánico escénico. Una pasajera va en un auto, echada sobre el asiento trasero. Observada por el conductor o en franca interacción con él, a veces manipula la palanca de cambios o se deja observar por el espejo retrovisor. La elipsis y el vacío narrativo dejan la anécdota como un relato en potencia, o un relato cuyo tema es la potencia misma: la ansiedad de un viaje en taxi, o la sensación de que todo puede pasar.

Las pintoras terminan en un estado de azoramiento o en una crisis de nervios. Pintora desnuda (fumando) y Pintora desnuda (pintando) muestran imágenes arquetípicas del trabajo como estupefacción, en el espectro que va de la convicción a la inseguridad. El sufrimiento de este personaje, simultáneamente artista y modelo, es elocuente: las figuras constan de curvas y giros sencillos, que forman una especie de alfabeto. El personaje muestra una tristeza atribulada cuando sus ojos caen de las órbitas. Otros retratos muestran focalidad y
desempeño. Juntas, las figuras propenden al casting y el catálogo de estados nerviosos.

¿Termina bien la historia? Una de ellas, la más triste, aprende a trabajar la arcilla.

Alberto Sendrós
Pasaje Tres Sargentos 359
info@albertosendros.com

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