Beca FNA-Conti

Beca FNA-Conti. entre otros, Alfredo Frías, Lino Divas, Alejandra Knoll en FNA - Fondo Nacional de las Artes desde el martes 11 de junio de 2013 hasta el martes 9 de julio de 2013.

Inauguración Beca FNA-Conti, inauguró el martes 11 de junio en Fondo Nacional de las Artes

Uno de los objetivos fundamentales del programa es profundizar el proyecto de transformación de uno de los espacios más emblemáticos de la última dictadura cívico militar (del dolor y de la intolerancia en nuestra sociedad) en un lugar de encuentro y participación activa, orientándolo a la producción contemporánea de arte y cultura, en un ambiente de reflexión crítica. Tarea de recuperación y de reconstrucción simbólica, que se intenta llevar a cabo desde la memoria, pensando e inventando un presente y un futuro comunitario inclusivo, y solidario. El proyecto ensaya un particular abordaje a la formación de artistas y a la construcción colectiva de pensamiento crítico, con un Taller de seguimiento y análisis sobre producciones teóricas y prácticas en artes visuales y una serie de seminarios teóricos. Los programas de este tipo de talleres suelen enunciarse como programas de clínicas de obra.

Si bien en algunas constelaciones de las artes visuales logra adquirir otra connotación, la palabra clínica nos remite, desde la práctica médica, a la realización de un diagnóstico individual y a la posterior recomendación del tratamiento a seguir.

Esta beca taller, ya en su quinto año de implementación, dista mucho de esta concepción y mecánica de trabajo. No hay docente, poseedor de un supuesto saber de Verdades, las cuales transmite, evalúa desde allí una producción, y da recetas de cómo continuar.

La propuesta consiste en desarrollar un grupo de estudio y análisis, que reflexione colectivamente sobre las teorías y las prácticas en el arte contemporáneo, su anclaje en las circunstancias sociales, culturales y políticas, y su atravesamiento en las producciones y procesos particulares de cada uno de los artistas.

Que el grupo y el desarrollo del trabajo colectivo sea coordinado por varios artistas, a los que a su vez se suman diversos teóricos con sus seminarios mensuales, es una decisión, y una apuesta a la pluralidad de voces y abordajes. Probablemente exista de este modo menos margen para que la voz coordinadora sea puesta en un lugar inapelable.

El taller intenta ser un laboratorio experimental, de construcción de pensamiento, discurso y subjetividad crítica en el campo de las artes visuales en la contemporaneidad en nuestro contexto socio cultural y político. Un lugar de trabajo que integre aportes teóricos sobre la producción de obra y genere espacio conceptual y concreto para la elaboración, profundización y realización de ésta.

Esta muestra en la sede de Alsina del FNA, como la realizada a principios de año en el CCMH Conti, es una aproximación al trabajo y al tránsito de las palabras e imágenes que compartimos durante el segundo semestre de 2012 con los artistas participantes de la beca. Nos deja esta experiencia, la de trabajar y pensar una muestra del taller a realizarse en el Conti y otra en el FNA, la reafirmación que definitivamente las obras operan en un contexto.

Parte del desafío querido y asumido, es intentar construir sentido de forma colectiva, consensuando los discursos y rediseñando los acuerdos sobre los que intentamos vivir juntos y respetarnos.

Andrés Labaké


Estoy un poco inquieta. Me han pedido que escriba unas palabras sobre la Clínica para artistas visuales que tuvo lugar en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti el año pasado, y de la que fui parte como docente en su segunda etapa. Me han pedido algo general y no debería resultarme difícil. Pero hete aquí, que me encuentro cara a cara con un sitio donde mis convicciones tambalean.

Donde las dudas superan las certezas. No sé exactamente cuál es la utilidad de una clínica ni por qué un artista debe o no hacerla. Puedo enumerar razones de índole práctico o carrerístico, pero no apuntan al quid de la cuestión. Por lo menos me gusta pensar que no es así, que lo que mueve a un artista a participar en una clínica no es exclusivamente una estrategia de circulación. Sin dudas la clínica es un espacio para las relaciones sociales, pero es mucho más que eso. Si fuera sólo eso, me emociona más pensar, así peque de nostálgica hacia un tiempo que no viví, en las extensas tertulias de artistas en bares emblemáticos como Les Deux Magots, el Café de Flore, el Tortoni, La Brasileña, Los Inmortales y tantos otros.

Mis dudas van todavía un poco más allá: no sé exactamente qué debe hacer el docente al frente de una clínica. Sé lo que hice, guiada por un conjunto de intuiciones más o menos concientes. Por impulsos y pareceres que obedecen al gusto y la experiencia.

Pero no tengo un manual. (¿Deberíamos hacer acaso una clínica sobre la práctica misma de hacer clínica?) Cuando tengo estos ataques, mezcla de intriga e indecisión, suelo refugiarme en la etimología. Una definición puede cambiar en un santiamén el color del cristal con que se mira. Me sumerjo entonces en una investigación veloz por Internet que arroja los siguientes resultados: “La palabra “clínica” viene del griego klinike.

Así le llamaban a la práctica médica de atender a los pacientes en la cama. La palabra kline quiere decir “cama” y viene de klinein que quiere decir “acostarse” o “inclinarse”. Una clínica es un lugar donde hay camas.” (Pienso en el diván del psicoanalista y en las camas de un hospital. Pienso en cómo se traslada esto a la docencia, pues no somos médicos ni psicólogos, ni los artistas son pacientes.)

Y sigo: La palabra griega kliné también está en la etimología de clinopodio, nombre de una flor con cuatro pétalos que recuerdan las cuatro patas de una cama. También un climómetro, una especie de nivel usado para medir la inclinación de un barco.”

Y aquí las derivaciones exceden el ámbito de la medicina para dejar lugar a la analogía y ala metáfora. En ese terreno podemos ubicarnos con cierta comodidad y desentendernos de responsabilidades que no competen intrínsecamente al campo pedagógico y que nos exceden.Entonces me envalentono, y me aventuro con una definición -personal, incompleta, enconstrucción-de clínica en el campo de las artes visuales:

La clínica es un periodo de tiempo donde el cansancio del artista hacia ciertos aspectos de su obra, más o menos claros para él mismo, lo llevan a colocarla en reposo. El artista acuesta a su obra en una cama, es decir, en un lugar de visión panorámica, donde el cuerpo puede desplegarse para ser visto y visitado por otros. La cama debe ser cómoda y confiable, pues la incomodidad ya está en el cuerpo de la obra, no hace falta sumar más incomodidad al soporte. Los compañeros y docentes pueden así inclinarse sobre la obra para examinarla. Pueden tocar algunos puntos que resultarán incómodos para el autor. También algunos otros que responderán con firmeza y plácidamente. Concluido ese período, la obra echará a andar nuevamente. Dependerá del artista y del grupo haber hecho del tiempo de reposo un tiempo activo, reflexivo, enriquecedor.

Y siempre será un desafío inmenso para el docente escudriñarse a sí mismo en el ejercicio de la inclinación. Saber qué lleva sobre sus espaldas al inclinarse sobre una obra y como repercute eso en su postura.

Nada fácil.

Verónica Gómez

FNA (Fondo Nacional de las Artes)
Alsina 673

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