Paraíso mítico

Nenas. Laura Ortego, Lena Szankay, Ivana Salfity, Karina Acosta en Gachi Prieto desde el jueves 16 de agosto de 2012 hasta el sábado 15 de septiembre de 2012.

Cuatro artistas fotógrafas mujeres, retratan el territorio femenino de la infancia desde una distancia, que no parece dar cuenta de un tiempo pasado propio, sino de una infancia que les es ajena. Quizás porque para decir ciertas cosas, hay que poner la distancia objetiva necesaria.
No son ellas mismas, tampoco niñas conocidas o de su propio entorno. Son nenas de por ahí. Las cuatro coinciden en el tratamiento del tema, evidente en un encuadre que enfatiza las ideas de género, abandono, dificultad, marginación y tristeza, a las que se agrega un oblicuo y sugerente erotismo. Sin embargo, cada una lo hace con su característica personal.
Karina Acosta nos muestra los rastros de lo que, alguna vez, fueran espacios de juego. Parques de diversiones abandonados, donde el óxido y la dejadez han sacado fuera del campo a estas “nenas”. Una especie de mítico paisaje de cuento de hadas.
Laura Ortego apela a la fotografía interior y exterior, para enmarcar a sus protagonistas como modo de mostrar el alma que dentro de ellas habla. Una (nena vestida de) princesa que llora y una nena desorientada que mira directamente al objetivo de la cámara. Cada una, a su manera, parece someterse con pasividad y resignación a un destino incierto.
Como modo de detener el instante, a mitad de camino y tal vez cambiar el rumbo, Lena Szankay hace “PIDO”. Sus imágenes desde su mirada (y la nuestra), son las del voyeur que no llegó a tiempo. Apenas alcanzamos a vislumbrar la huida de la toma fotográfica, un estar-no estar de esas “nenas” que parecen intentar desafiar algo.
Es Ivana Salfity quien, finalmente, nos presenta una mirada alternativa al futuro. Cuerpos recortados, unos pechos de mujer que asoman tímidamente, manos activas que se manchan con barro dando forma a algo. Ella nos habla de crecimiento, de lo porvenir, de esperanza.
No es fácil hablar de lo femenino en una cultura que antes de la modernidad, ni siquiera reconocía la niñez, salvo como adultos en miniatura sin voz (ni voto). Entre una infancia que no existía y una infancia estereotipada, las fotografías nos enfrentan con una extrañeza inquietante a la realidad no paradisíaca de la infancia femenina.
Posiblemente, haya sido la delicadeza con que estas cuatro mujeres se acercaron a este pequeño mundo, exponiéndose a su mirada y dejándose ver más de lo que vieron.

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