Algo que aparece

Algo que aparece. Laura del Barco en Espacio Cultural Museo de las Mujeres (Córdoba) desde el jueves 17 de mayo de 2012 hasta el sábado 30 de junio de 2012.
Instalación en proceso de Laura del Barco

Una convocatoria, una carta, un pedido que Laura del Barco envió a sus amigos y allegados dió origen a “Algo que Aparece”. Ella nos pidió que le regaláramos alguna prenda tejida, para ser destejida en su obra, en su instalación. No cualquier prenda, sino un suéter querido, una bufanda de la infancia, un tejido colorido de la abuela, los escarpines pequeñitos o una manta gigante.
Horas, mucho tiempo rítmico de las agujas hilando y dando forma a la lana. La cadenciosa alegría de lo que ocupa su lugar entre los objetos, una aparición, un tejido. La materia del hilo casi invisible, frágil, que lentamente adquiere una forma y cubre las cosas y abriga los cuerpos.
La artista fue buscando, y la fueron encontrando, vestimentas para ser desarmadas y deshechas. Una operación de ingeniería poética para descubrir el mecanismo de lo que se apelmaza con el afecto y sedimenta con los recuerdos.
Así, en el descomponer de las tejeduras Laura descubre la creación. Se figura que, en cada punto del hilado, habitan latiendo aquellas manos que movieron las agujas. Al igual que Alicia, al atravesar en el espejo, Laura retrocede en el tiempo y la memoria, retornando por vía mágica.
Los hilos componen un nuevo esquema de sucesos, organizado y determinado por los nudos de cada hilo. Hacía atrás, con el movimiento, se repiten las uniones, los hilados al revés y se descubre una lógica de lo inverso, poderosa y lingüística. Cada punto es una letra, un dominio en un mundo definido, un esplendor que inaugura una lengua extraña, incierta y solitaria.
Las lanas fueron, una a una, amontonándose y enredándose en gruesas capas y sedimentos de fibras peludas que formaron una montaña consistente. Una geografía. Algo que aparece y que existe. Algo sin nombre, sin clase, sin especie y sin género.
A través de este procedimiento, lo útil del ropaje se fue perdiendo, se olvidaron sus funciones cotidianas. En la medida en que el embrollo de lanas crece y se multiplica, se pierde toda posibilidad concreta, y se retorna al origen, al punto primordial donde la prenda era sólo deseo.
En la sala, en el centro de una habitación, algo que aparece, mezclado y confundido, une afectos diferentes. Pétalos asimétricos de una rosa. Un universo de hilos, que ya nunca volverán separarse.

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