Arco iris nocturno

Arcoiris nocturno. Sandro Pereira en Espacio Tucumán desde el martes 15 de mayo de 2012 hasta el viernes 15 de junio de 2012.

Hay dos clases de actitudes ante cualquier clase de objeto, de suerte que la diferencia última entre arte y realidad es menos una diferencia entre tipos de objetos que una diferencia de actitudes, y por lo tanto lo que importa no es con qué nos relacionamos sino cómo nos relacionamos.[A.Danto:2002]

Estoy pensando en lo “infantil” en arte contemporáneo. Aquello que muchas veces se cuestiona peyorativamente sobre un arte que hasta un niño es capaz de hacer mejor.
No lo abordaré desde el oficio, tantas veces demandado para justificar un arte bien hecho “adultamente válido”, legítimamente correcto (tema al que le dedicaría mucho más que este artículo), pero sí a los efectos de la autorreferencialidad, desde algo tan cercano al arte contemporáneo, sin la cual, mucho sería incomprensible: la vida cotidiana.

Justamente ese vínculo tan cercano entre una y otra, hace que obras como las “tiernas” de Sandro Pereira, tengan sentido.
Quizá apueste a decir que más que la demanda de galerías y coleccionistas lo que lo llevaron a virar formalmente aquella su “ternura” inicial (estoy citando la "palabra clave" de Eva Grisntein en su texto para el libro catálogo producido por la Galería Daniel Abate, cuando reflexiona entre otras cosas, sobre las distintas etapas de su autorreferencialidad y su traspaso a las fotografías perforadas) el nacimiento de Juan Aureliano produjo en Sandro un giro copernicano en su vida privada y profesional.

Hoy vuelve a la ternura, no para hablar de Sandro, sino para hablar de “Papá Sandro”, que no es lo mismo. Nada de lo que produjo después de su hijo, puede ser visto lejos de esta perspectiva. Nunca dejó de ser profesionalmente tierno y profundamente contemporáneo, y quien dejara hoy de lado su paternidad, arriesgaría a quedarse a mitad de camino.

Creo, sin temor a equivocarme, que la obra bisagra de Pereira (aunque no aparezca en esta muestra) es aquella performance (2007) cuya fotografía lo muestra vestido de fiesta, su cabeza rasurada, con pantalón de vestir, una camisa prolijamente planchada, con un ramo de flores en sus manos y sentado en un banquito para niños, obra que decide llamarla “La espera (dedicada a Juan Aureliano)”.
Esta obra está acompañada por otra idéntica (“La espera”, fotografía intervenida, 2007), autorretrato surgido de aquella misma acción, parte integrante de su serie de perforaciones, donde la carencia, el hueco, la ausencia, deforman las flores, lo periférico de la imagen, pero no su rostro. Probablemente, de este grupo, éste, su rostro paterno, sea el único cuyo “collage invertido” no logró modificarlo: el motivo es claro, a partir de su hijo, Sandro Pereira se vuelve un hombre completo.

Arco iris nocturno es, a mi entender, una suerte de postal con dos ejes claves para la vida cotidiana-autorreferencialidad de este artista: Tucumán y lógicamente, su hijo.

Los tucumanos reconocemos al menos dos postales típicas de la provincia, la casa histórica y la ciudad nocturna iluminada, vista desde el cerro.
Si bien es cierto que se encuentran miles de postales con ciudades nocturnas iluminadas, (Tucumán no es tan distinto como Tucumán sueña que lo es, pero en esa fantasía, la divisoria de “la 24” la vuelve inconfundible), el acento, la nota de particularidad, la pone Sandro con una iconografía de doble filtro: su ternura (profesional y humanamente continua) y la mirada de su hijo.
Se trata de una serie de trabajos donde, pese a tratarse de una exposición de pintura, hay algo de fotográfico en ellas.

Así como la imagen fotográfica retrata en cierta forma la mirada de quien la creó, (aquel que accediera a ser retratado fotográficamente, no solo se arriesgaría a desnudar su identidad, desnudaría también la mirada de quien lo mira), Sandro repite éste ejercicio con Juan Aureliano.
En este caso, la mirada del niño logra desnudar la mirada de su padre, al mismo tiempo que la mirada de Sandro desnuda la de su hijo. Su autorreferencialidad se completa mirando a su hijo…como él ve: “ya nunca más estará solo”, confesó por aquel entonces.
Aunque la iconografía no se modifica demasiado, (los animales, por ejemplo, ya existían mucho antes de su paternidad y no desaparecieron nunca), su enfoque se vuelve “más afinado”. Sandro dejó de mirarse a sí mismo [solo] para autorretratarse completo, hijo mediante. No importa lo que haga, la autorreferencialidad llega a su madurez, cuando sale de si, y efectivamente, esto es lo que hace.
Arco iris nocturno es una postal tucumana hecha con ojos de niño, mejor dicho, de niños...
¡ustedes entienden!

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