Gerardo Feldstein, "Inestabilidades"

Inestabilidades. Gerardo Feldstein en DacilART desde el miércoles 9 de noviembre de 2011 hasta el viernes 6 de enero de 2012.

Pintor devenido en escultor y objetualista, Gerardo Feldstein comenzó en los años 90 a incorporar el volumen a su obra, dando lugar a sus trabajos más característicos. En estos objetos e instalaciones, sus seres suelen encontrarse fragmentados, siendo notoria la ausencia de su cara. Los personajes sobrepasan el espacio de representación, para adentrarse en nuestro mundo y confundirse en él gracias a su tratamiento hiperrealista.
Desconocemos sus gestos, sus rostros; sólo queda su expresión corporal, que nunca es poca, ya que los vemos contorsionarse, adoptar las posturas más insólitas, achicarse o alcanzar dimensiones desproporcionadas. Esta falta de gestualidad y expresión facial lleva consigo las implicancias que tiene la cabeza, por ser el soporte de nuestro órgano del pensamiento. El gesto corporal aparece siempre sobrevaluado por encima de la conciencia, la inteligencia y el aspecto racional. El que reina y decide en este campo de simulacros es el sentimiento, así como los impulsos que llevan al hombre a actuar sin pensar en las consecuencias de sus actos, inducidos por las circunstancias que lo rodean y exceden.
Sus figuras irónicas recuerdan a la dramaturgia grotesca, en la contradicción de emociones que producen, ya que en una primera aproximación nos resultan divertidas y graciosas, pero luego de un rato captamos un trasfondo amargo que las atraviesa y que se filtra en nuestra percepción.
Feldstein también realiza dibujos, llevados a cabo con alambres y varillas de hierro, delineando los contornos de las siluetas que protagonizan estas obras.
Estas últimas figuras son las que podemos ver en la muestra que se está realizando en Dacil Art, "Inestabilidades", donde el sentido del equilibrio se ve amenazado a cada paso, con personajes que caminan por cuerdas flojas, cuelgan desde la altura o son arrastrados por mascotas indómitas. La precariedad de su equilibrio nos hace dudar de la firmeza del suelo que pisamos mientras la recorremos. Difícil no sentir un ligero mareo cuando vemos a estos seres pendiendo de la altura, con la fragilidad adicional que el alambre les confiere. La sombra, como en buena parte de su producción, no es defecto de la iluminación, sino que compone la obra como si de un material más se tratara, duplicando figuras, añadiendo sentido, expuesto a las interferencias del público, maleable, endeble, inestable.

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