Inciertas inquietudes

Inestabilidades. Gerardo Feldstein en DacilART desde el miércoles 9 de noviembre de 2011 hasta el viernes 6 de enero de 2012.
Máximo equilibrio... mínima estabilidad... si de afrontar la vida cotidiana se trata.

Antes de “ser” espacio tridimensional, cualquier obra de ingeniería ha debido pasar por el espacio de la bidimensión, donde se han dibujado todas las vistas, cortes, plantas, perspectivas y axonometrías, en las que -además- se han calculado todas las cuestiones pertinentes a la disciplina ingenieril. Sin embargo, Gerardo Feldstein, ingeniero devenido artista, ha entrecruzado ambas etapas espaciales para Inestabilidades. De manera que sus obras, a mitad de camino entre la bi y la tridimensión, se vuelven dibujos-esculturas.
Las realizadas en varillas de hierro sobre bastidor de madera, exhiben una pulsión por escapar del formato cuadro llegando en algunas a abrir el marco que las contiene, convirtiéndolo en dador de sentido de las mismas. Mientras otras, liberadas de su híbrida condición, parecen haber calmado esa pulsión instalándose en diferentes sectores de DacilART, a la espera del momento en que la luz de la tarde o la eléctrica, dibujen sobre los muros las sombras de sus siluetas como si jugaran al “congelado” (donde los que corrían tras el delantero hasta que frenaba y giraba, debían quedarse quieto-congelado, y al que se movía lo sacaba de la banda al grito de “perdiste”). Pareciera que las instalaciones de G. F. han salido del juego (o del marco) porque perdieron jugando al “congelado”. La sombra en los muros nos hace creer que se tambalean un poquito como oscilando en delicado equilibrio, a la vez que nos recuerdan que siguen -en parte- manteniendo esa condición de hibridez original.
Hay otro grupo de obras dentro del híbrido conjunto, realizado en madera y resina. Resulta difícil distinguir dónde termina la madera y comienza la resina, y más difícil aún, decidir si se trata de escaleras con manos y pies o humanos convertidos en escaleras, de árboles sin copa y con pies o de humanos que al perder las cabezas, se convirtieron en troncos con pies. También las sombras de sus siluetas se dibujan, pero sobre el piso, como si no pudieran abandonar del todo su condición de hibridez original. Claro que todo depende de dónde nos ubiquemos para observar las obras.
Así todo parece oscilar, las obras y nosotros entre ellas, cada uno a su tiempo, como tratando de mantener un equilibrio estable. Es entonces, que caemos en la cuenta de que la inestabilidad es la condición necesaria en la irreal apariencia de estabilidad que creemos necesitar para vivir.

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