Artista viajero o El adelantado

Otras Cartografías/ Obras 1972 - 1975. Horacio Zabala en 11x7 Galería desde el jueves 15 de septiembre de 2011 hasta el viernes 11 de noviembre de 2011.
¿De qué hablamos cuando decimos cartografía?

El mapa no es el territorio que representa. Veinte años antes que “el mapa” se convirtiera en uno de los géneros o temas -como prefiera el lector- del arte contemporáneo, ya el artista Horacio Zabala había empezado a trabajar con ellos. Claro que hoy se han agregado nuevos “cuestionamientos a la cuestión” (deriva, desarraigo, extrañeza, otredad, etc.).
El trabajo que Zabala realiza con sus mapas transporta al espectador a una nostálgica reminiscencia de la infancia. Están los calcados con tinta china y acuarelados a color, en virtud del excelso manejo que H.Z. posee en la técnica del acrílico. Están los mapas quemados, esos en que el papel mojado con limón se quemaba -bajo la vigilante mirada de “mamá”- en la hornalla para que los mapas tuvieran un look apergaminado. Y los comprados en la librería con división política. Todos en tamaño cuaderno de clase de escuela primaria. También hay dibujados unos planisferios en hojas dobles arrancadas a esos cuadernos, seguro que H.Z. pegó los planisferios comprados en la librería sobre la ventana, para que la luz del sol le facilitara el calcado sobre esas hojas mate rayadas. Un dato no menor: la doble hoja rayada dispuesta con los renglones en vertical, sólo está dibujada en la mitad inferior. Más allá de la técnicas utilizadas, en mapas o planisferios, todos están trabajados en series: Deformaciones y hundimientos, Apariciones y desapariciones, Obstrucción. Y algo más, la peculiaridad de estos mapas: son todos de Argentina y América Latina. El lector se estará preguntando sobre los planisferios, bueno ellos también son de América Latina, o mejor dicho “sobre” América Latina por omisión, a excepción de uno sólo en que sí figura (si mal no recuerdo). Los títulos de las series exhibidas describen a la perfección lo que el espectador ve, no hay lugar a malos entendidos o equívocas interpretaciones. No hay nada más contradictorio que la precisión del trazo zabalesco entre estos mapas y la inestabilidad geopolítica existente dentro de la realidad de estos territorios.
En estos mapas trabajados como mapas, uno no puede evitar preguntarse: ¿Desde dónde miramos el mapa cuando lo miramos? ¿Percibimos las mismas situaciones como habitantes y protagonistas que como espectadores extraterritoriales? Algo nada fácil y bastante determinante para H. Z. y para el espectador, según sea de dónde éste provenga.

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