El cuadro adentro

Chambre mentale. Max Gómez Canle en Ruth Benzacar desde el miércoles 21 de septiembre de 2011 hasta el viernes 11 de noviembre de 2011.
"reflejados en un espejo, una estancia o un paisaje parecen más sólidos que si se observan directamente: en ese mundo visual nada puede ser golpeado, movido, y es el observador quien cambia". (W. H. Auden)

“Ésta es una recámara con muchas ventanas abiertas,… lugares que son pinturas, imágenes que están en nosotros, de pintura sobre pintura”, firma M. Gómez Canle: el cuadro como ventana, la pintura que no pinta el mundo sino micromundos que ya eran de pintura. Chambre Mentale abre con un anteojo de cobre cegado por 2 pinturas-miniatura, y cierra con un ojo de cerradura vacío: eso llamado “realidad”, abierto o definitivamente cegado y cerrado por la pintura, por su versión pictórico-mental. Por ojos y ventanas se ve pintura, y esa es la única posibilidad de ver -quien quiera ver más, corre riesgos (como Galileo quedó ciego después de ver las manchas solares por un telescopio).

No se puede ver esta muestra sin ver la vecina de Gordín; de hecho, la mención del “momento de la irrupción de los aparatos ópticos entre el ojo y el mundo” y las “colecciones siglo XVI y XVII de raros objetos preciosos” que se mencionan en el catálogo de Gordín, queda fácilmente desplazada a Gómez Canle. Con mucha certeza: estos paisajes lacustres & rocosos ilustran la llegada o caída del conocimiento geométrico sobre el mundo natural: niños-poliedros y teorías de la visión. Un cuadro es una ventana, o sea un agujero –como la pupila: lo que en una reseña anterior vi como joyas monumentales, ¿será el haz dorado de luz barroca que proyecta en la retina “lugares que son pinturas”? No: la proyección es al revés, de la mente hacia afuera. La diatriba tan siglo XVII sobre si la visión es óptica o mental (digamos, entre Descartes y Berkeley) se resuelve aquí con una pintura que es “tecnología apta para el traslado mental” (pintura-LSD). G.C. apuesta por lo mental contra lo óptico -como Berkeley: “los objetos propios de la vista no existen fuera de la mente ni son imágenes de cosas externas” – son… pintura, pintura como hiperespacio de la visión, como dominio del “minimum tangible y minimum visibile más allá de los cuales no se percibe nada” (B.).

La realidad es claramente una imagen, o sea: es clara si es imagen -sin duda, pero una imagen que se encuentra en la historia de la pintura, en un libro de imágenes. Ahí forman relación (síntoma), Gómez Canle y Gordín, mostrando sus museos de libros de imágenes, pintando las páginas que nos muestran. Hasta el barro es pintura -que ilustra pinturas salvadas del barro de la historia. Del fondo del torbellino de la historia, la pintura rescata un desecho precioso que es imagen.

Decía Gómez Canle.: “tuve que repasar un poco los distintos métodos para hacer mapas (proyecciones, etc.) para decidir una forma perimetral… un paisaje amable con un cielo despejado, montañas difusas, un lago y arbolitos, y en el centro… un plano volumétrico, algo así como una pared que flota, que en este caso sería una anti-ventana…”. La proyección perspectívica, que fue un sistema de hierro para la pintura, G.C. lo hace de goma. También Gordín retuerce el método proyectivo en sus estancias a escala, sus anti-bibliotecas. Dar vuelta el cuadro como una media, o dar vuelta la habitación como una bolsa, pedazos de pared en medio del cuadro, estampas arrancadas de libros: algo pasó, pero de la historia global perdida solo nos quedan fragmentos, perspectivas, episodios. La historia y la naturaleza son lo que se pintó o se pudo pintar, la estampa rescatada de entre las ruinas de una biblioteca o de un rincón del paisaje de un bosque.

Que son lo mismo: un bosque pintado es una biblioteca: una cámara mental. Berkeley: “su esse es percipi y no tienen ningún tipo de existencia fuera de la mente”; “la distancia... proyecta solamente un punto en el fondo del ojo”: o sea, la distancia, el tamaño, la historia y la naturaleza son lo que son en la mente, “no se distingue el adentro del afuera”. El ojo ve lo que pinta o ve lo que construye como imagen; el instrumento de visión no es un anteojo, un telescopio, los rayos-X o Windows, sino un pincel. Así la retaguardia pasa a la vanguardia: la pintura lo hace mejor que esos artificios o dishonest projects (como los llamó De Foe). Lo que se puede ver es lo que la mente proyecta con pintura, imágenes cargadas de afecto por el propio trabajo, y afectos recargando imágenes -ángeles salvando pinturas de la guerra, rayos de metal como aristas de luz saliendo de cuevas oscuras, amistades atrincheradas. El que hace, pinta o habla y solo tiene lo que hace su cuerpo, dice “pinto (hago-hablo), luego existo”. La existencia de los distintos yoes (Aizemberg, Duchamp, G.Canle, Gordín, Lozza, Poussin, etc.) no es la propia certeza: cada yo es un agujero que se abre a las imágenes que pintan otros.

http://www.ramona.org.ar/node/39194
http://www.flickr.com/photos/alejocamposproyectos/

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