El Viaje en Instantáneas

El Paisaje a través de la mirada de trece artistas, un curador –Francisco Lemus- y un viaje trazado por Arte y Cultura de la Universidad Nacional de La Plata en la búsqueda de los emergentes en el arte.

La indagación por las divergencias y las convergencias en el paisaje contemporáneo, obligan a remitirse al paisaje al interior del arte en carácter de género, así como a los lugares en el sentido antropológico, y a eso que llamamos escenario contextual y que podría comprenderse justamente como “lo contemporáneo”.

El universo que dentro de sí puede desplegar el arte simultáneamente en diversos espacios y al mismo tiempo, es decir en términos sincrónicos, es lo suficientemente amplio como para que categorías como el género, el estilo, el tema, la técnica, se vuelvan lo bastante complejas al punto que en dicha trasposición la concurrencia de lenguajes orienten un análisis de otra naturaleza.

De alguna manera el triunfo de lo contemporáneo que muchas veces cabalga sobre la dimensión de un orden instituido, se coloca -atentos a los exponentes emergentes del arte- en una circunstancia problemática. Lo instituyente se consagra hoy en la producción simbólica y adquiere el estatus de un guión que hegemoniza el paisaje en su condición de escenario, colocando bajo su paraguas una infinita producción ecléctica que motoriza multiplicidad de relatos.

Dice Georges Didi-Huberman: “Una exposición no debe tratar de tomar el poder sobre los espectadores, sino proporcionar recursos que incrementan la potencia del pensamiento”. Y este principio expuesto por el historiador de arte francés en su artículo “La Exposición como máquina de guerra” coloca dicha instancia –la del guión y montaje de la obra de arte- precisamente como un acto político.

En sintonía con ello es lícito considerar una expresión de Marc Augé, de acuerdo a la cual aquello que la historia de arte enseña “… es que uno ha de adelantarse a su tiempo para ser plenamente de su tiempo”. Lo que equivale a decir que los artistas contemporáneos, o aquellos que más ingenuamente consideramos emergentes, nos traen una discusión en esencia política cuando a través de su obra rebaten las disposiciones que el Arte con mayúsculas se ha querido reservar para sí; y del mismo modo que la narrativa histórica, reclaman una etapa provista de su propia autenticidad.

Volviendo sobre los factores iniciales, el paisaje es acaso el género más concurrido en diversos períodos por los que ha atravesado el arte en particular y la historia de la humanidad en general. Sin embargo no agota las posibilidades la frecuencia con que los motivos que le componen retornen en cada nueva creación. Dicho de otra manera, el paisaje no es necesariamente un lugar, un espacio físico siempre y en cada momento, por el sólo hecho de la carga histórica que el género acarree sobre sí.

Este aspecto, claro, en relación al tipo de paisaje o por qué no a su temática, alcanza otros interrogantes en la medida que lo que se ha redefinido es la idea, precisamente, de lugar en el sentido antropológico.
“Si un lugar puede definirse como lugar de identidad, relacional e histórico, un espacio que no puede definirse ni como espacio de identidad ni como relacional ni como histórico, definirá un no lugar. La hipótesis aquí defendida es que la sobremodernidad es productora de no lugares, es decir, de espacios que no son en sí lugares antropológicos y que, contrariamente a la modernidad baudeleriana, no integran los lugares antiguos: éstos, catalogados, clasificados y promovidos a la categoría de 'lugares" de memoria", ocupan allí un lugar circunscripto y específico”, dice Augé. Procurando no arrebatar su tesis general acerca de eso que él ha definido más específicamente como “espacios del anonimato”, es pertinente reflexionar sobre cómo se redefine el paisaje históricamente tan asociado a la idea de lugar.

Las obras expuestas en Divergencias y Convergencias en el Paisaje Contemporáneo estimulan al examen de una serie de cuestiones: el espacio donde convergen y se oponen las creaciones artísticas contemporáneamente; el paisaje, en esta suerte de “novedosa” entidad que adquiere más como ‘instantánea’ de unas miradas atomizadas que como lugar reconocible, de identidad, o histórico; lo contemporáneo, como aquello que es aquí y ahora, pero que habiendo sido, continúa preservando su impulso moderno.

Aún cuando se opere un estímulo hacia la instantánea el “paisaje” contemporáneo, en sus divergencias y convergencias, e incluso en su atomizado modo de representación, recreación y creación, atesora algo de aquella identidad compartida que simula licuarse en los paisajes de misceláneas. Las unidades significantes de que se compone lo contemporáneo incluye también –merced de la resistencia del género a su extrapolación- este paisaje renovado que es el producto indispensable de su tiempo.

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