Invocando las fuerzas eternas

invocando el V E R A N O E T E R N O. Juan Miceli en Espacio Itaú Cultural desde el jueves 26 de mayo de 2011 hasta el viernes 24 de junio de 2011.

“Los artistas no suelen ver ninguna cosa como es sino más plena, más simple, más fuerte; para esto tienen que disfrutar de una especie de juventud y de primavera, de una especie de embriaguez habitual en la vida”

Friedrich Nietzsche

La nueva instalación de Juan Miceli acaba de irrumpir -literalmente- en pleno centro porteño. El espacio que alberga su nuevo trabajo resulta ser esta suerte de ventana a otra dimensión que es el Patio del Espacio Cultural del Itaú.

Una vidriera que por sí misma plantea varios desafíos. Sabemos que las instalaciones encarnan de alguna manera la indiscernibilidad obra-espectador, donde el espectador no está ya del otro lado de la escena sino que pasa a ser parte constitutiva de ella. Pero Invocando el verano eterno desafía esta convención ya legitimada para jugar en los límites. Es instalación, pero al mismo tiempo el vidrio que nos separa de su esfera, nos expulsa indefectiblemente afuera del rito que Miceli reanuda desde/con/a través de/ sus criaturas.

Juan, especie de interlocutor performático, deja entreabierta la puerta por donde acechan sus seres que viajan en el tiempo, que lo utilizan como medium para emerger de las profundidades, dar luz y volver a sumergirse hasta nueva invocación.

Lo interesante de Invocando es que pone en escena toda la performance de este trance artístico -que tantas resonancias de Nietzsche traen hasta mí-, desde las imágenes de Miceli cubierto de barro hasta la materialización de los seres que llegan con mensajes de esta naturaleza devoradora que todo lo consume y transforma. La marca Miceli una vez más como sello de un lenguaje propio, pero que se intuye en esta oportunidad como un desafío más introspectivo.
Se entiende que la apuesta es, tal como reza el texto escrito por la curadora de la muestra, dejar de lado el entendimiento, colocarlo en un plano accesorio. También se podría pensar en la posibilidad de acordar nuevamente con Nietzsche cuando se oponía a Hegel cuando éste último aceptaba la posibilidad de conciliación Idea-forma y el primero prefería afirmar: “…no existen hechos, sino sólo interpretaciones…” Seguramente, frente a Invocando el verano eterno resta eso, tan simple y complejo a la vez: detenerse frente a la pecera, pegar la nariz, atravesar mentalmente el gran vidrio y compartir el rito que se renueva minuto a minuto, con cada persona que lo reactualiza.

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