Grete Stern y el laboratorio de los Sueños

Grete Stern. Los sueños 1948 - 1951. Grete Stern en Malba desde el lunes 28 de febrero de 2011 hasta el lunes 25 de abril de 2011.
…usted es víctima de sus ideas, de su manera de ver, de su presunta cultura que recibe al por mayor y por generaciones enteras de libros de historia, de código civil en el azar de algunos clásicos. RH

La forma de los Sueños es el fotomontaje. Implica la selección, combinación y articulación de elementos visuales para generar una fusión semántica. Su carácter retórico-poético lo pone en un lugar privilegiado de analizante, crítico y promotor de descubrir y transformar desde el campo de lo visual la realidad.
Grete Stern construyó en las páginas de Idilio un lenguaje artístico fácilmente inteligible para realizar una crítica comprensible del lugar que ocupaba la mujer en el sistema social de su tiempo. Sus fotomontajes dialogan con la publicidad, el cine y el comic: están sumergidos en el devenir de imágenes profusamente generadas por los medios de producción y reproducción masivos. Todo es material, repertorio, sustancia expresiva y contenido del fotomontaje. Stern opera con el universo de imágenes que subyace en la memoria de nuestra sociedad. Se dirige a la mujer de fines de los años cuarenta, en el marco desarrollista del primer peronismo: momento de ascenso social de la clase obrera a las capas medias, y de lucha feminista para alcanzar el voto a nivel nacional –que se lleva a cabo en los comicios de 1951–. De esta manera, los Sueños son también una vanguardia política.

Crea metáforas, metamorfosis, hibridaciones (humano-animado), antropomorfismos (animales-hombres), además de hipérboles, sinécdoques, metonimias, alegorías, antítesis, paradojas, alusiones simbólicas, etc. Va a contramano de la representación mimética de la fotografía. Su grotesco moderno –furioso, diría Baudelaire-, resulta el elemento corrosivo que subsume todo ese lenguaje esquematizado del mundo de los medios. No se distancia para realizar una sátira moral o soez de la mujer argentina. Hace uso de la iconográfia, la toma, moldea e invierte su signo. Como los esqueletos de Grosz o las mujeres de Clarice Lispector, las protagonistas de los Sueños son marionetas atrapadas en un universo hermético, vertiginoso y por momentos opresivo e inaguantable. Sus montajes son escenografías expresionistas de títeres ensamblados; seres que, incluso, pueden llegar a objetualizarse.

La exposición que por estos días se puede visitar en el Malba – hasta el 25 de Abril – reúne las piezas que adquirió la colección del museo recientemente. No se trata de la serie completa, una tercera parte de la obra rodea la sala de exhibiciones. Son copias de los negativos que hizo Grete de 46 ejemplares que mandaba a imprenta. Una puesta que interviniera el espacio, como por ejemplo lo hizo la de RM el año pasado, hubiera sido mucho más favorable para esta serie de imágenes que supo acercarse al público masivamente. Porque el gran gesto innovador para la escena local fue trasplantar ideas dadaístas revolucionarias de la manipulación técnica. No sólo del laboratorio, sino además la revolución que supone transformar los medios técnicos de reproducción en medios directos de producción de obras de arte. Al igual que como lo hiciera Heartfield en las páginas de AIZ, los Sueños estaban en todos y cada uno de los 250.000 ejemplares que llegó a tirar la revista, cada semana entre 1948 y 1951. Es decir, no se trata de la reproducción por la editorial Abril de un original preexistente y único. La obra de arte original era la que salía de las rotativas.

Estas concepciones oníricas resultan hoy visiones deformadas, premonitorias de la estética publicitaria del american way of life que llega a nuestros días acartonada. Podemos afirmar que la anuncian e inmediatamente revientan en imágenes grotescas. La risa acentúa cómicamente su negatividad. En este mundo ensamblado, el personaje femenino es un muñeco vacío que llega al extremo de considerarse cosa innecesaria en tanto que ser humano, en su carácter de invisibilidad, se suma a los colectivos condenados a la inexistencia del siglo XX. En las páginas de Idilio, Grete agrega una reflexión sobre las imágenes que son imprescindibles para la tarea de fetichización femenina.

La risa negativa que surge a partir de la experiencia con sus fotomontajes, emana como una explosión opresiva que reside especialmente en el espectador. Lo involucra con la obra en un lazo que los envuelve. La comicidad negativa lo enfrenta a uno con la dualidad de la lógica de los sueños: la facultad de ser alternadamente uno ¬-objeto de risa- y otro –reidor-. El aspecto macabro de Grete Stern está en el efecto que provoca. Cuando aflora el gesto automático –inconciente- de la risa frente a un fotomontaje de Grete, es una puerta de entrada a su universo descoyuntado de imágenes alegóricas y pesadillescas, críticas de una época no muy lejana de la actual, donde la mujer ni siquiera figuraba en los padrones nacionales, y le comunicaba a Idilio los Sueños para que Grete los moldeara.

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