Hablándole a los ojos

Narrativas Argentinas. Antonio Berni en MNBA - Museo Nacional de Bellas Artes desde el jueves 15 de julio de 2010 hasta el domingo 3 de octubre de 2010.
“[...] en ese momento la dictadura [de 1930], la desocupación, la miseria, las huelgas, las luchas obreras, el hambre, las ollas populares, eran una tremenda realidad que rompía los ojos” Antonio Berni

Por tercera vez desde su muerte, el MNBA realiza una muestra de Antonio Berni, pintor reconocido nacional e internacionalmente. La selección de 31 obras, realizada por Roberto Amigo y Martha Nanni, se titula Narrativas argentinas y propone, desde una selección no cronológica, un recorrido por algunas “áreas temáticas”: los intereses estéticos y políticos de Berni. La fuerza y expresividad (vitalidad) de sus colores en la sección “autobiográfica”; el “realismo” de las décadas de 1930-’50 y sus dos personajes emblemáticos, Juanito Laguna y Ramona Montiel, son algunas de las obras que están en exhibición (junto a un grabado y dos “robots” –provenientes de las pesadillas de Ramona-). También está Pesadilla de los injustos (1961), un gigantesco cuadro recientemente adquirido por el museo.
Un artista comprometido
Nacido en 1905 en Rosario, Berni comenzó su acercamiento al arte como aprendiz en el vitreaux; y pintó su primer cuadro, Álamos, a los 17 años.
En 1925 viaja a Europa (Madrid, París), aún convulsionada por la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa, y se relaciona con diferentes referentes de escuelas artísticas, filosóficas y políticas de vanguardia: desde la Scuola Metafísica, pasando por el surrealismo y el marxismo (Henri Lefevbre, quien además lo acercó a la obra de Freud).
De regreso a la Argentina, Berni, alejándose de los motivos surrealistas tomará partido por los humillados y ofendidos, desde el arte y desde la política. Como relata el historiador Hernán Camarero, “durante los primeros años treinta, el PC contó en sus filas, o tuvo como firmes simpatizantes, a destacados representantes de la plástica argentina”[1]. Berni fue uno de ellos.
Son los momentos donde produce sus conocidos Manifestación y Desocupados, ambos de 1934.
Sin embargo Berni no suscribirá al “realismo socialista” como estilo ordenado por la burocracia stalinista (desde Moscú a todo el mundo) y, luego de colaborar con el muralista mexicano Siqueiros (que participó del primer atentado contra Trotsky), polemizará contra esta directiva, proponiendo su “Nuevo Realismo”. Para los artistas –que en su mayoría no adoptaron el “realismo socialista”- “acercarse al PC constituía una posibilidad de vincularse a la lucha obrera y a una causa, la del comunismo, que despertaba una profunda atracción en ciertos estratos”[2]. Berni seguirá con su labor, viajando al interior del país y a otros países de Latinoamérica, documentándose y fotografiando para seguir pintando.
Luego vendrán, en las décadas de 1960-’70, sus personajes Juanito (un chico de la villa) y Ramona (una prostituta), realizados en técnicas diversas; desde grabados hasta ingeniosos collages realizados con desperdicios y materiales desechados.
Su último cuadro, de 1981, quedó sin terminar (y sin título), y está en esta muestra.
Las (amargas) “ironías” del arte bajo el capitalismo
Si bien muchos de los cuadros en exhibición son propiedad del museo, otros no: por ejemplo, Manifestación, es propiedad del empresario Eduardo Constantini, dueño del MALBA. Según dijo a un periodista, ese “cuadro machazo”(!?) ha sido visto, desde que abrió su museo en el año 2000, por casi un millón de personas. Lo compró en 1991 por 150.000 dólares. “Dice que no se equivocó: ‘Ahora vale, por lo menos, dos millones’”[3].
Así como en todo el mundo el sector de las finanzas encontraron un nicho especulativo para acrecentar sus ganancias, las obras de Berni –en este caso producidas con un profundo sentimiento artístico y político-social, con materiales como telas de arpilleras y latas oxidadas- valen decenas y cientos de miles de dólares. Desocupados fue vendida, en 1995, en 800.000 dólares y está en una “sala de espera del directorio de una empresa farmacéutica”[4].
¡Estos empresarios, como los Fortabat y Blaquier, que amasan fortunas con la explotación y desocupación obreras, dedican luego millones a comprar y vender para su (malganado) ocio![5] Con el caso de Berni, con varias series de obras que son explícita imagen de los males a que nos llevan los mismos capitalistas, no se puede dejar de notar esta macabra paradoja.
NOTAS:
[1] A la conquista de la clase obrera. Los comunistas y el mundo del trabajo en la Argentina, 1920-1935, Bs. As., Siglo XXI, 2007, p. 277.
[2] Ídem., p. 279.
[3] Fernando García: Los ojos. Vida y pasión de Antonio Berni, Bs. As., Booket, 2009 (ed. original 2004), p. 112.
[4] Ídem., p. 134. “Salió unos meses en 1997 para la retrospectiva de Bellas Artes y volvió” (ídem.).
[5] Según Forbes, la colección de arte de Blaquier está valuada en ¡400 millones de dólares!

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