micro, micro

Bosque en el acuario. María Lightowler, Juliana Ceci, Ocampo Salinas en Fundación Esteban Lisa desde el miércoles 21 de julio de 2010 hasta el viernes 27 de agosto de 2010.

En esta propuesta exhibitiva la relación entre el mundo marino y el mundo terrenal se establece a través de lineas que definen contornos de figuras bien pregnantes: las ramas y troncos en el mural de Juliana Ceci; algas “curvosas” en los micromundos de Maximiliano Salinas; hojas y tallos en las pinturas de Maria Lightowler, son los factores esenciales del re/conocimiento de las partes.
Sin embargo, el espacio (la sala), se ha planteado como una totalidad. Me animo a decir que funciona como una pecera invertida. Como los acuarios de los grandes parques de diversiones en los cuales uno ingresa a pasillos insertados en el agua y, en definitiva, funciona como voyueur de la cotidianidad del ecosistema que allí se pone en escena.
A modo de ventanas pero no albertinianas, las pinturas que se exhiben abren visualidades a “mundos”. Mundos que sugieren que probablemente se trate, en definitiva, de un solo mundo. Mundo/s posible/s e imaginado/s, paradoja y ambigüedad. Mundo/s plagado/s de color y movimiento.
Es curiosos, que el mural de Ceci, que claramente es una propuesta estructuralmente muy distinta a las telas pintadas, funcione aún de este modo (casi que dan ganas de entrar al bosque y continuar recorriendo el mundo monocromo que sugiere la artista).
La relación que logra establecerse entre las pinturas (celebro con esto la selección de trabajos) es invasiva. La primera sensación es que se esfuminan las diferencias entre los lenguajes formales de cada uno de los artistas, que, sin embargo, cuando uno se concentra son tan evidentes!
Una mirada atenta se sorprende ante las cualidades propias de cada pieza y de cada artista, uno se siente engañado ante la supuesta unidad formal que en un principio percibe en el conjunto de trabajos. (sorpresa!)

Pienso.... De que se trata el dialogo entre las obras sino es de la modificación mutua entre las obras que entran en relación?

Apenas entre a la sala me invadió un recuerdo, hace varios años, cuando estaba cursando magisterio, hicimos un ejercicio: elegir un animal que me gustaría ser y una de mis compañeras (sorpresa!) eligió un animal unicelular, (increíble imagen!!): autosuficiencia e independencia de la ley de gravedad, un ser que anda en el mundo sin leyes propias...
Pensaba que estos mundos sugeridos tienen algo de la imagen que me hice en aquel momento, la sensación de que la relación entre las figuras implica un movimiento especifico para el espectador que se sumerge en la sala y, cual animal unicelular, se deja llevar.

Enredaderas, lianas, plantas acuáticas. Mundos vegetales surgen de las obras de estos artistas, pequeños bosques salvajes que irrumpen con la dinámica de lo orgánico. Parecería que las composiciones se formaran del mismo modo que lo hace el crecimiento vegetal: nacen desde un brote o una raíz y se ramifican según la luz, el agua y el propio impulso caprichoso.

El bosque es el lugar opuesto de lo civilizado, zona oscura, sensual e incierta. Por el contrario, un acuario, una pecera son un microcosmos, un hábitat artificial que recrea una versión de la naturaleza de manera íntima. En esta muestra se intuye esta dialéctica: natural/artificial, ilimitado/íntimo, salvaje/delicado; una selva informe bajo el agua de la mirada subjetiva.
Juliana realiza una intervención en el muro con carbonilla. Crea una enramada, como un sistema circulatorio; construye un hábitat para el deseo. Se percibe en esa trama al tiempo; imaginamos la mano de la artista en el hacer o más bien llegamos a creer en un dibujo que ha crecido a su antojo como una maleza.

María nos devela otro modo de la gravedad en sus plantas acuáticas; todo flota, el diseño y el color son cristalinos. Sus formas se nutren del agua y del aire. Las pinturas están trabajadas con acrílico, tinta, pasteles sobre tela o papel con colores planos y ornamentos sutiles que remiten a hojas, algas y burbujas. La figuración parecería, no obstante, una resultante accidental.

La obra de Maximiliano nos impacta por su tratamiento. Los materiales sintéticos que emplea aumentan el carácter de artificio de sus corales y formaciones vegetales. La paleta y la factura son una mezcla de bricolage con un refinado esteticismo de una extraña sensualidad. Los colores por momentos nacarados son la primera carnada para luego incluir al tacto y disfrutar de las texturas.

El acuario pasa a ser un relicario, los follajes y la espesura se han podido distinguir allí dentro, cada trazo se transforma en una joya voluptuosa y a su vez en una pieza de delicado diseño. La luz parece provenir de cada ser y arbusto, como sucede con ciertas medusas y seres unicelulares con su bioluminiscencia*.
El bosque ya no es tan oscuro.

Lucas Marín

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