Aquelarre
| Autor de la reseña | Miguel Angel Rodríguez |
| Muestra | The Jousters Banquet |
| Espacio | British Art Center |
| Artista(s) | Simon Boyd |
| Técnica(s) | Otras |
| Inauguración | 04-11-2009 19:00 |
| Cierre | 27-11-2009 19:00 |
Que la forma exclame su color. Tal parece ser uno de los intereses manifiestos de la obra pictórica del artista londinense Simon Boyd. Los aerosoles, el óleo, la tela de lino y el acrílico se combinan de forma animal y desmesurada, dándosele protagonismo a la sensible corporeidad de visones inmanentes, tan despojadas como complejas. Los seres representados chocan, dan volteretas, y se penetran con enormes lanzas. Las tonalidades estallan, los vuelos de la razón se agotan, y el intelecto cae en fulgurantes abismos de plomo, tela y acero. Los cielos se rajan, las tierras devoran lo existente y el clima se exaspera: todo es claro e incierto a un mismo tiempo, salvaje en su devota convicción por el pigmento. Ya no hay palabras en este cosmos luciferino; ni siquiera signos, mucho menos símbolos. Sólo hay pintura: pintura sin explicaciones ni referencias, pintura caótica y chorreada, de orgasmos compositivos y eyaculaciones atmosféricas.
O Simon entreve lo imposible de ver; o está loco, y pinta como lo hace cualquier loco, desvariando y alejándose de sí, perdiendo el yo en incomprensibles y pregnantes mundos carentes de lógica y razón. Quizá está más lejos que nosotros; quizá lo suyo no sea ni locura ni muerte ni ambición. Quizá él sea el aquelarre maldito que no nos atrevemos a ser: el viaje al tumultuoso mundo interior, con todas sus espirales, contradicciones y luces. En verdad lo ignoro. No obstante sé que en su taller está él, junto al escarnio y el infierno, atento e incorporado a gestos saturnales y dionisiacos, embebido en la poética alienada de un oficio más cercano a los procesos que a la confitura de lo concluido. En él lo estable e inestable accede a vibraciones caracterizas por una cromática inscripta en viejas y nuevas tradiciones. Una cromática donde los chorros de luz se entremezclan con fondos azules y rosas, y lo diáfano deja verse sin ceremonias ni protocolos.
Me gusta imaginármelo junto a sus óleos, ensimismado y etéreo, frágil en su lujuria británica. Me gusta cuando pinta: parece que los sueños flotaran sin razón ni anécdota; flotaran en inmaterial suspenso prohibido. En esos momentos parece que estuviera inmerso en un aquelarre, en el aquelarre del macho cabrío que sueña las formas del color.







