Atmósfera Feldstein

Duerme. Gerardo Feldstein en Espacio de Arte AMIA desde el jueves 6 de agosto de 2009 hasta el viernes 21 de agosto de 2009.
Una instalación en Buenos Aires nos recuerda al filósofo alemán Karl Jaspers, quien sostenía que determinadas situaciones impulsan al pensamiento, gestando en nosotros el amor hacia la sabiduría

Referir a la memoria no es fácil. Implica el acto de referir, que no es un acto sencillo, máxime si se lo hace desde la dimensión no escrutada del silencio intangible. Y es que el silencio es mistérico e irreversible; es algo no revelado. Puede que existan, en el momento del silencio insondable, algunos sonidos. En verdad no importa, porque esos sonidos, en efecto, focalizan la experiencia, tal como ocurre en una reciente instalación de Gerardo Feldstein.
Escultor, dibujante y hombre de la pintura, Feldstein expone, en el ámbito de la AMIA, sus referencias a la memoria, la verdad y la justicia, contando, en esta oportunidad, con la curaduría de Elio Kapszuk. Entrar en contacto con semejantes referencias implica acercarnos a una visión coherente y despojada de aquellas cotidianeidades que se nos presentan abarrotadas e incoherentes, pero que ocultan una lógica insostenible de xenofobia y persecución.
Sabido es que este artista es protagonista de la línea y el volumen. Sabido también es el intenso diálogo con el enigma que sus obras portan. El lenguaje empleado le permite abordar temas urbanos, y hacerlo sin desprenderse de unas intensas espiritualidades que sutilmente ablandan los artificios, tornando invisible las técnicas. Los vocablos intangibles son sugeridos y la universalidad nos permite elevarnos hacia la reflexión atemporal e ilimitada sobre limitadas cuestiones específicas.
Toda la obra de este artista, que es basta y contiene tanto los intrigantes objetos antropomorfos como los sorprendentes humanos cosificados, no puede escindirse de las instalaciones, de entre las cuales “Duerme” sobresale con notoriedad. En esta oportunidad la escena propuesta es significativamente atmosférica, generándose ambientes donde conviven objetos diversos (zapatos, hojas de expedientes y una botella de champaña) con una escultura figurativa en la cual domina el aturdido silencio abisal. El conjunto es acompañado por determinados sonidos que se activan mediante sensores de movimiento.
La instalación entera refiere a la memoria, colapsando nuestra percepción. Lo propuesto es absolutamente silente, de una calidad ontológica mayor; mueve la conciencia. No podría ser de otra forma: resuelve como pocos la referencia y la memoria, temas indómitos que sólo una sensibilidad poética puede engarzar.

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