Tesoro, tesoro

Somewhere / Nowhere. Algún lugar / Ningún lugar. Félix González Torres en Malba desde el viernes 5 de septiembre de 2008 hasta el martes 4 de noviembre de 2008.

Subiendo las escaleras mecánicas un miércoles, mi día favorito para ir a MALBA, veo las cuatro ventanas y en seguida me tiento a pensar en la versatilidad del espacio y cómo los museos adaptan sus salas y el discurso de montaje y… en fin… Huyssen, universidad, academia, palabras técnicas, palabras palabras…

Por suerte una tirita de foquitos que cuelga del techo me corre los pensamientos de lugar y las almohadas que no veo pero que claramente siento entran a mi imaginario nuevamente y me acomodan para empezar la experiencia.
La sala plena en su vacío, es grande e íntima por primera vez. Una pila de papeles cada tanto dibuja un recorrido posible en el espacio, pero imposible en la mente y físicamente irrecuperable. Creo que lo primero fue agarrar dos chupetines uno para mi otro para Leo, uno más para mi, y empezar a comer y caminar, comer y caminar, comer y caminar.

Y de pronto parados frente a una fotografía gigantesca e ininteligible miramos los montones de afiches y nos damos cuenta de que no quisimos tomarlos.
Los espectadores felices, toman sus afiches y sus golosinas, juegan. Adolescentes de recorrida desdeñan al “arte contemporáneo” pero le gusta lo que tienen en sus manos: agarrando y riendo, hacen rollos de papel que son armas de fuego y herramientas de combate, también largavistas o susurradores a la vieja usanza y desde el pleno desconocimiento.

Al principio me molesta debo reconocerlo, pero no, es un error, conceptualmente es un error y por suerte aun se que, sorbe todo, es un error no estar disfrutándolo.

El tiempo lo vemos en los amantes perfectos dos relojes, solo eso. y mirarlos como si fueran muchas cosas más, potencia.
Vovlemos a la sala.

La segunda recorrida es diferente, volver a mirar, esta bien, sí agarrar, sí jugar.

Estar en un lugar.
Cualquier y en ningún lugar.

Tocar la cortina celeste y que te reten.

Querer llevarte mas de un afiche y que no se pueda.
¿Acaso no podría yo sentarme a comerme todos los chupetines de la obra?
Que bueno poder recuperar cierta parte de la intimida del principio, Leo que está ahí conmigo me dice que le gustaría entrar a ver esta muestra solo y con una linterna a las cinco de la mañana.

Ya nos están gustando las reacciones de la gente.
La mejor parte viene después, cuando ya creíamos que la cosa había terminado y como jugando a los piratas descubrimos el tesoro, 1000kilos de brillo y azúcar atrás de una corina transparente hiper pesada.
¿son todos de frutilla?

¿puedo repetirlo?

Subiendo las escaleras mecánicas un miércoles, mi día favorito para ir a MALBA, veo las cuatro ventanas y en seguida me tiento a pensar en la versatilidad del espacio y cómo los museos adaptan sus salas y el discurso de montaje y… en fin… Huyssen, universidad, academia, palabras técnicas, palabras palabras…
Por suerte una tirita de foquitos que cuelga del techo me corre los pensamientos de lugar y las almohadas que no veo pero que claramente siento entran a mi imaginario nuevamente y me acomodan para empezar la experiencia.
La sala plena en su vacío, es grande e íntima por primera vez. Una pila de papeles cada tanto dibuja un recorrido posible en el espacio, pero imposible en la mente y físicamente irrecuperable. Creo que lo primero fue agarrar dos chupetines uno para mi otro para Leo, uno más para mi, y empezar a comer y caminar, comer y caminar, comer y caminar.
Y de pronto parados frente a una fotografía gigantesca e ininteligible miramos los montones de afiches y nos damos cuenta de que no quisimos tomarlos.
Los espectadores felices, toman sus afiches y sus golosinas, juegan. Adolescentes de recorrida desdeñan al “arte contemporáneo” pero le gusta lo que tienen en sus manos: agarrando y riendo, hacen rollos de papel que son armas de fuego y herramientas de combate, también largavistas o susurradores a la vieja usanza y desde el pleno desconocimiento.
Al principio me molesta debo reconocerlo, pero no, es un error, conceptualmente es un error y por suerte aun se que, sorbe todo, es un error no estar disfrutándolo.
El tiempo lo vemos en los amantes perfectos dos relojes, solo eso. y mirarlos como si fueran muchas cosas más, potencia.
Vovlemos a la sala.
La segunda recorrida es diferente, volver a mirar, esta bien, sí agarrar, sí jugar.
Estar en un lugar.
Cualquier y en ningún lugar.
Tocar la cortina celeste y que te reten.
Querer llevarte mas de un afiche y que no se pueda.
¿Acaso no podría yo sentarme a comerme todos los chupetines de la obra?
Que bueno poder recuperar cierta parte de la intimida del principio, Leo que está ahí conmigo me dice que le gustaría entrar a ver esta muestra solo y con una linterna a las cinco de la mañana.

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