Hay candy, eye candy, ay! candid.

Somewhere / Nowhere. Algún lugar / Ningún lugar. Félix González Torres en Malba desde el viernes 5 de septiembre de 2008 hasta el martes 4 de noviembre de 2008.
Insistir en la participación como evidente consigna de estas obras, mientras me llevo una mercancía menor con sensación de ganancia compartida, es no ver con que fuerza nos defendemos de la pérdida.

Me comprometí a escribir algo sobre Algún lugar / Ningún lugar cuando le dije a Estol el miércoles pasado (mientras él preparaba Los amigos circulares): -voy a escribir algo para Ramona. Aunque quizá circunstancial, la promesa -y el trabajo de Leo- me obligaron a ver que el “de a dos” era importante en esta muestra de F.G.T. Hay un hábito del 2 en mí, pero dejemos eso. Tampoco es muy original sospechar de las opiniones que van haciendo sapito sobre la superficie de diversos comentarios: trabajos que “ponen en duda la noción de autor”, “muestra participativa”. De modo que para empezar, volviendo al “de a dos”: una lista de simetrías que es hipótesis: dos textos de catálogo; más abierta y menos convencionalmente, la simetría que planteaba Estol con su invitar-a-hacer ese miércoles, usando de tapetes mágicos los papeles NRA y estableciendo itinerarios tentativos y fugaces; también, dos instalaciones con golosinas, en dos salas principales del Malba.
Digamos: una virtud dúplice que penetrando las paredes del museo establece simetrías. Muy eficazmente: los haces proyectivos entre el par de relojes en el balcón interno y el afiche de la cama en la terraza externa. Ejercicio: proyectar con la mirada cada reloj como cabeza ausente sobre las cóncavas almohadas del afiche (éste juego me hace recordar, a mi, el 2º premio de Gerardo Caballero para el Malba y, excediendo los límites de esta nota, cómo sucedería esto en aquel otro edificio). Siguiendo, la costumbre no cerrada de F.G.T. de titular las obras Untitled (y el verdadero título entre paréntesis), o echando mano de un módulo gramatical básico y preferencial -“nombre adjetivado”: Silver Ocean, Blue Flower, Lover Boys. En la guarda pintada justo bajo el cielorraso de la Sala 3, se alternan eventos públicos y obras con sus fechas –solo años. La lista sufre y muestra perturbaciones internas (UN 1945, Berlin Wall 1989, MTV 1981!?), que hacen que la connotación fácil desbarranque, para bien; aparece entonces un d-efecto proyectivo entre pseudo-acontecimientos principales de la historia del siglo americano, y obras-evento intentadas por el artista. Mejor dicho, creo que allí debe leerse: “éstos son acontecimientos fallidos y obras dedicadas a perderse" (o también: “incorporemos la idea de pérdida, por favor, tanto en Untitled (Placebo) como respecto de la Civil Rights Act del ’64”). Esto quizás es obvio, pero sabemos que la buena conciencia no descansa (“obras participativas”) y puede leer esa nominación de hechos históricos como queja superflua (“el autor era cubano exiliado”). Pena, creo que no, a mi me parece más bien una lista aguda, con ritmo de esquizo-habanera, de "fracasos" públicos y personales pérdidas: interferon y caramelos. Confirmación quizás innecesaria: al entrar a esa sala me dirigí a la instalación de candies con la palma abierta, con la intención infantil de dejar con un solo gesto un hueco en la alfombra plateada, para ver si los caramelos lo llenaban –como hace el agua de mar cuando uno escarba en la playa. Se acercó el neutro guardia, hasta ahí sentado, para decirme que era “un caramelo por persona”. No siendo él fuente de intención, claramente, releo: “el público puede llevarse uno… si lo desea”. Y lo público muestra su falla.

Entonces, más abiertamente, me acerco a la crítica como polémica (aunque sea sorda-diferida): "González Torres no es un artista “de imágenes”, de modo que todo lo que se diga de la composición de sus obras,… toda descripción de rasgos o propiedades resultan insuficientes o están viciadas de una extraña impertinencia"; y: "la incomodidad que se siente (frente a la acción del bailarín en short !plateado!), disrupción que rompería la delicadeza y elegancia que caracteriza el conjunto de la producción del artista". Vuelvo a lo obvio, literalmente, o sea, seré necio, pero necesito mirar y ver que pasa. No puedo suponer los destellos de conciencia que suceden en la miríada de personas que se agachan a recoger un chupetín o enrollar un papel de calidad. Creo que “sutil” y “elegante” son palabras que cualquier discurso crítico, no digo debe evitar, sino saber que tienen filo en el lomo. Sutil –subtle, en inglés, como subtítulo: ¿el deseo a mano como un caramelo?. Hago el papel que mejor me sale, vuelvo a lo obvio-teórico y veo un trabajo hipersensible al “de a dos”: en una punta, lápida de Wilde, en la otra, familia fascista. En el medio pasan muchas otras cosas. Pero insistir en la participación como si fuese la mera consigna positiva de estas obras, mientras me llevo una mercancía insignificante con irreprimida sensación de ganancia compartida, es perdernos de algo, me parece, o mejor dicho, no ver con que fuerza nos defendemos de la pérdida.
www.alejocampos.blogspot.com

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