Un viaje a la antropofagia

Autor de la reseñaTomás V. Richards
MuestraViajera
EspacioMuseo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba)
Artista(s)Tarsila do Amaral
Técnica(s)Pintura
Inauguración28-03-2008 11:00
Cierre02-06-2008 10:00
La muestra del MALBA apuesta a ofrecer un recorrido por la obra de Tarsila do Amaral tomando como eje fundamental los viajes realizados por el mundo a lo largo de su vida.

Como bien lo dice su título, la muestra del MALBA apuesta a ofrecer un recorrido por la obra de Tarsila do Amaral tomando como eje fundamental los viajes realizados por el mundo a lo largo de su vida.
Ordenadas bajo títulos como Años de formación, Ensayos modernistas o Descubrimiento de Brasil, pueden verse las pinturas y dibujos más significativos de la artista paulista fallecida en 1973. Este modo de organización, que coloca al viaje como punto de inflexión en el desarrollo de la carrera artística, permite observar la curva evolutiva del trabajo de Tarsila, desde modestas postales europeas de tinte impresionista hasta una pintura de tipo más moderno y de marcado carácter social, producto de un viaje a la Unión Soviética realizado en 1931.
Por supuesto, figuran también en la muestra los cuadros pertenecientes al período más fructífero e interesante de Tarsila: los producidos durante la década del veinte, época de apogeo del modernismo brasileño. La adscripción de Tarsila a este movimiento vanguardista surge a partir de su regreso de Europa a Brasil en 1922, poco después de la Semana del Arte Moderno de San Pablo y de la aparición de la revista Klaxon. En esta etapa aparecen en su pintura los colores, así como elementos propios del cubismo, y la influencia académica, adquirida en gran parte en París, queda relegada. Como ella misma lo dijera, luego de un viaje a minas Gerais: “Encontré en Minas los colores que me encantaban de niña. Me enseñaron después que eran feos y vulgares. Seguí la rutina del gusto refinado… Pero después me vengué de la opresión, pasándolos a mis pinturas: azul purísimo, rosa violáceo, amarillo vivo, verde rutilante, todo en gradaciones más o menos fuertes, según la mezcla con blanco.”
Desde este momento, Tarsila, como los artistas modernistas en general, se sitúa en el presente, en el acá & ahora brasileños, en un gesto afirmativo de la capacidad transformadora del arte. Surge entonces la reacción contra el detalle y la copia naturalistas. En el manifiesto Pau-Brasil, de 1924, se explicitan estas consignas, visibles en la pintura de Amaral:
“El trabajo contra el detalle naturalista –por la síntesis; contra la morbidez romántica- por el equilibrio geómetra y el acabado técnico; contra la copia – por la invención y la sorpresa.
(…)
Sustituir la perspectiva visual y naturalista por una perspectiva de otro orden: sentimental, intelectual, irónica, ingenua.”
El manifiesto va firmado por Oswald de Andrade, figura principal del modernismo que luego se convertiría en esposo de la artista (y de quién se incluye un retrato en la muestra, así como otro de Mario de Andrade). Con la misma firma aparecerá un nuevo manifiesto en 1928 (año 374 de la Deglución del Obispo Sardinha): el Manifiesto Antropófago. El cuadro Abaporu, que puede contemplarse en todo su esplendor en la muestra, ilustraba dicho manifiesto, publicado en la Revista de Antropofagia. La idea básica del manifiesto es la de una figurada antropofagia ritual, en la cual un enemigo se come a su oponente derrotado para asimilar sus virtudes. Trasladado al plano artístico (y porqué no, al político), el manifiesto es un grito contra el eurocentrismo imperante en la época, aunque también implica la afirmación de la posibilidad de incorporar la modernidad al arte sin ser devorado por ella. En ese sentido, resulta paradigmático el cuadro Sao Paulo (Gazo), en el que están presentes elementos de esa urbana modernidad, como ser autos, chimeneas de fábricas y surtidores de combustibles, bien que pasados por el tamiz personalísimo de la pintora brasileña.
Vale decir, también, que el modernismo antropófago brasileño también promovió la inclusión de lo autóctono en la obra artística:
“La poesía existe en los hechos. Las casuchas de azafrán y ocre en los verdes de la Favela, bajo el azul cabralino, son hechos estéticos.”
La cita, tomada del Manifiesto Pau-Brasil, resulta en una glosa perfecta a las obras producidas durante esa agitada década del veinte por Tarsila. La tríada compuesta por Antropofagia (1929), Abaporu (1928) y A Negra (1923), es, sin duda, el centro de la muestra (de hecho, la tríada está montada en “caja” propia, apartada del resto de las obras) y es la expresión plástica más acabada de la vanguardia brasileña.
Así mismo, la bien cuidada distribución de las obras y los apartados explicativos de los muros contribuyen a un entendimiento claro de la entera obra de Tarsila y a la comprensión de que de esta artista, como de la vanguardia, no hay retorno.

Abaporu Antropofagia A Negra