León Ferrari, almas invertidas

S/T. León Ferrari, Hernán Salamanco, Katinka Pilscheur en Braga Menéndez Arte Contemporáneo desde el martes 22 de abril de 2008 hasta el sábado 7 de junio de 2008.
¿Es posible tener semejante lujo de artista en Argentina? Sí.

León Ferrari
“Los músicos”

Pitágoras enseñaba a sus discípulos a borrar, por la mañana, las huellas que habían dejado en sus camas cuando dormían. Era una instrucción perentoria y poco tenía que ver con una manía de domesticidad organizada. El hueco, entre los griegos, se apropia de parte del alma, es un vaciado de vitalidad que puede quedar en manos ajenas. La huella del amante, una tablilla de cera o de escayola con el bajorrelieve del objeto de deseo, era la máxima prueba de amor: el don de lo invisible en lo visible.
Así, toda la civilización occidental hizo volar trozos de materia para crear el hueco que captara la vida... León Ferrari, en sus nuevas esculturas, invierte el proceso. Trabaja por agregación. “Yo no podría siquiera imaginar ésto. Son monstruos, y están dentro del tubo”, dice Ferrari. El tubo que contiene el poliuretano que, expandido, se condensa y forma una piel.
Los usos industriales de este polímero incluyen, entre otras funciones -por ejemplo, en la construcción- tanto el relleno de huecos como el aislamiento térmico. Pero, ¿ha logrado Ferrari eliminar el hueco, el vacío, el lugar del cual se retiró el principio de los principios para dar lugar al mundo? No. La suya es carne vuelta del revés, porque “lo que salió del tubo”, además de formar una especie de piel sintética, crea en su interior una interminable cadena de celdillas de nada, de aire, o de alma, según desde donde se lo vea....
...Cada fluctuación en la representación del cuerpo humano en el arte es significativa. Estos músicos, estas espectadoras, coloreadas y multifacéticos ¿a qué nos remiten en esta variante del perenne disfraz de la figura? Es difícil no pensar en seres mutilados, en los cuerpos de las víctimas de Hiroshima, en el napalm; una carne expuesta del revés, en cuerpos que han sufrido una mutilación gracias a un horrendo protocolo previo, propio de la modernidad. Ferrari usa, desde hace tiempo, el hongo atómico como el equivalente del Mene Tekel bíblico, esa escritura en la pared del festín de Belsasar, amenaza de la catástrofe por venir.
Entonces ¿cuál es el hueco que Ferrari llena aquí? ¿Aquél, invisible, que rodea a sus figuras? En ese caso, podría tratarse de una señalización del vacío total. Correspondería a una regla omnipresente pero oculta: la delgada membrana que nos separa del abismo del universo la construimos con nuestros actos, entre los cuales están nuestras palabras y nuestras obras. Y la obra de Ferrari simpre cumple con ese propósito: aísla y nos protege, justamente porque señala el mal que no quiere que nos infiltre. De ese modo, ya denució las atrocidades cometidas en Vietnam por una civilizacion que se quiere democrática y cristiana, o provocó a la Iglesia hasta paroxismos manifestados en plena ciudad de Buenos Aires.
Pero también está la música. ¿Incongruencia? ¿Sorpresa? ¿O la lección desestabilizadora de todos los maestros consumados? Los músicos manejan una variedad de instrumentos, cornos, clarinetes, un saxo, una trompeta, un tambor y hasta un acordeón. Aquí se hace música, quizá el más noble de los inventos humanos. La relación de Ferrari con esta disciplina viene de lejos. Sus esculturas musicales, grupos de tubos de metal, varas que suenan al viento o al tacto, especie de nuevo órgano emisor de una música par el fin de los tiempos. ¿Es posible que aquí se sugiera una redención posible? ¿O siquiera un alivio? Y ¿qué interpretan, entonces, estos seres cuya estructura metálica, al contrario de sus Berimbau de los años '70, yace oculta bajo la capa de poliuretano como un esqueleto que guía lo que el “tubo” manda? De los grandes péndulos invertidos Ferrari llega a la carne expuesta...

...Estos músicos del silencio, entonces, y sus espectadoras grotescas y emperifolladas, pueden leerse como una advertencia. Algo escapa de estos instrumentos casi sepultados en la materia monstruosa, porque dentro de estas celdillas estáticas y, sin embargo, ingobernables, se produce el milagro de una vibración en potencia, de la música como imposibilidad, como deseo absoluto que desafía al ruido inarmónico de la maestra de ceremonias de esta celebración con su cacerola reluciente. Esta imposibilidad, este silencio, flota por encima de unos seres tragicómicos, capaces de transformar un solo de Miles Davis en un evento brujeril, en una fiesta goyesca. Dicen: hasta aquí hemos llegado.
Ferrari posee una espléndida incapacidad de producir algo que no sea significativo, universal, trasgresor y dotado de una extraña belleza: la de lo verdadero.
Bengt Oldenburg
(texto completo en la web de la galería)

Del 22 de Abril al 7 de Junio del 2008
Braga Menéndez Arte Contemporáneo
www.galeriabm.com

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