La oveja Dolly y su canto seriado.

Heliografías. León Ferrari en Teatro Auditórium - Centro Provincial de las Artes (Mar del Plata) desde el sábado 2 de febrero de 2008 hasta el lunes 24 de marzo de 2008.
¿Somos libres? ¿Por qué todo parece emular una gigantesca máquina operada por intereses ignotos? León Ferrari, en su muestra de Heliografías, aborda estos y otros temas. Siempre Ferrari, siempre actual.

Sabía que la playa era una experiencia mundana, extremadamente obscena. Desde hace años nada en ella me eleva y expía. Visitarla se asemeja a disfrutar de un exitoso compendio de basura, hipocresía y falso carnaval.

No obstante, decidí viajar a Mar del Plata. No sólo me sedujo mi trabajo vinculado a la documentación de la plástica. En verdad, la muestra de León Ferrari en el Teatro Auditorium es lo suficientemente poderosa como para invocar la presencia de los seres más parcos y herméticos que podamos imaginar.

Anacoreta y esotérico, como estoy desde hace años, vi en las heliografías de León los mapas necesarios para navegar los mundos avistados por Dante y acariciados por los maestros secretos que urdieron el Popol Vuh, los Vedas o las hermosas utopías europeas colmadas de quesos, gusanos y ángeles desterrados.

En los primeros años de la década de los 80, cuando estas obras fueron hechas, yo apenas contaba con diez años de vida. Imaginaba la eternidad, pero intuía la muerte y el horror.
Hoy se que azar y castigo conviven. Sé que fornican en la misma celda, mientras determinación, causalidad y control juegan a los dados en el sanitario contiguo. Sé que Dios nunca nació y que Nietzsche estaba loco y que la clonación mental es un sueño corriente.

Pensaba todo esto mientras contemplaba el impecable Sudorama de los infiernos, expuesto en la perla del atlántico. Ciudades incomprensibles, pequeñas siluetas inocentes replicadas hasta el hartazgo, vehículos y más vehículos: todo un orbe absurdo y simétrico, tan espeluznante como fantástico. Incluso pude ver alguna estructura emparentada a los circuitos integrados, donde cualquier persona asume el valor de un electrón e incluso el de un canal de simples operaciones lógicas.

Apóstol del caos, León Ferrari nos muestra una porción de su vida conceptual. La curaduría sobresaliente, de Andrés Duprat, orientó mi comprensión de los trabajos. Permanecí más de una hora. Todo el tiempo fue poco.

Y me alejé del Aditórium, con ideas resonando en mi cabeza. Después de todo, pensé, la clonación nos muta, Dolly no encuentra su rebaño y la contestación sigue olfateando al arte.

Más tarde, ya en algún café, releí el catálogo. Una frase del curador era precisa y medular: "León Ferrari, en esta serie extraordinaria, diseña nuestros infiernos terrenales".

Ahora estoy lejos, y extraño esos infiernos.

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