Interiores externos / Exteriores internos

Geometrías variables, corrupción edilicia, pianos y circos, manchas ilimitadas, reflexiones sobre nuestra identidad electro­desoxirribonucleica. Una muestra que da arte. Premios (simples circunstancias).

Fidelitas. Tal la palabra latina que designa la fidelidad. Seguir un camino propio, sin copiar, alejándose de toda emulación. Este es el desafió de quien sondea sus propios laberintos, enjuagando los ojos con el gusto amniótico de la creación sin cristos, soles o becerros.

Inconmensurable, hondo, latinoamericano. Y sólo son palabras. Y no alcanzan. “Paisaje Interior Nº IX”, 1º Premio “Subsecretaría de Cultura de la Provincia de La Pampa” (Adquisición), de Leticia LAPEÑA, apela a zonas dónde el discurso se vuelve ineficaz. Sólo el verbo primitivo, tan media noche, ritual y cósmico, puede expresar su estética; puede, pero solo si es verbo poético. Es que, en el espacio intangible de la creación, esta obra remite a nuestras experiencias más íntimas. Experiencias incomunicables mediante caminos que no sean los artísticos. Lapeña lo sabe. Su creación, premiada en este salón, como en el Belgrano del 2006, lo confirma.

Aún están en mí las torres y edificios de Rey. Cables de acero, siluetas erguidas, estandartes urbanos. Un entramado simbólico aplicable a Nueva York, San Pablo o Buenos Aires. Nuestro ethos asfáltico, toda la polisemia del hormigón armado, la urbanidad indescriptible de las nuevas selvas, el críptico decir del cielo smog, el tiempo que copula al espacio, la totalidad en una obra.
En “NYC 9.10.01”, Segundo Premio “Victorio Pesce” (Adquisición), Rey remite a las sospechas más viejas: aún nos movemos sobre dos patas, miramos al cielo y creamos altares. Altares que nuestros propios dioses rompen una y otra vez, idea tras idea, sacrificio a sacrificio.

José Flórez Nale, en “Laberinto”, Tercer Premio (Adquisición), aborda caminos de síntesis y estruendo, colapsando los elementos en un éter áureo, misteriosamente enlazado a nuestras vidas de dolor y saturación binaria.
Todos tenemos una gran parte de locura incomprensible y violenta. Todos, de una u otra forma, huimos del terror onírico, volviéndonos caníbales de sueños y recuerdos mal reprimidos. En el fondo o en la superficie, odiamos a los padres creadores, esos padres que hicieron de nosotros soldados helenos, hoplitas de comics californianos, o amebas amorfas en libros de biólogos y coleccionistas. Florez Nale lo expresa con sus exitosas formas interactivas, de conocido hermetismo. Es un juego humano, demasiado animal. Caos indigerible. Esa es la frase.

Los límites hablan. Mariana Villada, a través de “Las ballenas de Salvador”, premio Mejor Obra de autor pampeano (Adquisición), lo prueba, otorgando un compromiso íntimo y desbordante a la creación. Las manchas negras, en ciudadana interacción con los espacios blancos, abren el juego al equilibrio entre fuerzas espirituales y concretas.
Sinfonía, anagrama descifrable, misiva incorporada, canto de una madre, infancia universal. En todo caso, pampa y patagonia: un dibujo rebozante de modernidad y vida.

Electrónica, ADN, ángeles de creación (seres del abismo; luces de identidad). La iconografía de Rosa Audisio es amplia. No obstante, en “Instantánea de la Evolución” (Premio Estímulo Artistas Plásticos de La Pampa), el relato icónico es trascendido, indicándose manejos minuciosos de las proporciones, así como ejemplares vinculaciones entre gráficas científicas y estéticas de gran poesía. Es que Audisio manifiesta un manejo maduro de las imágenes. Su trazo es convencido. En sus recorridos no hay retrocesos.

Reflexiones finales

El poder no olvida. El poder castiga. Sus formas de humillar son múltiples, desconocidas, y hasta dulces al tacto. El poder nos envuelve, una y otra vez, rompiendo nuestras identidades, generando otras nuevas, más simétricas, mas insípidas. Quien descubre estas no-identidades y las exhibe, jamás será aprobado. Sobre quien quite el velo pesará todo. Todo. Soledad, indiferencia, escarnio.

Toda reunión de imágenes es mucho más que una simple congregación ritual. Es una de las máximas expresiones de contestación. En plena zona temporal de imágenes complacientes, donde trasgresión trastocó en mercancía, el arte sigue moviendo hilos. El poder lo sabe, y experimenta. Por eso adquiere, aunque no siempre exhibe. Toda obra de arte es poderosa. En plena oscuridad, o brillando con la luz, la obra cumple su misión más recóndita y secreta: movilizar, sugerir ideas, provocar cambios de conciencia, inducir nuevas sensibilidades. Su poder es máximo. Supera el análisis. Es comprensión pura.

Las artes son refugio y resistencia. En ellas habitan las palabras ruptura y crisis. Las almas que eligen la creación murmuran estos antiguos vocablos. En soledad o en rogativa, en salones o talleres, cumplen el sagrado designio: perturbar el orden, quebrar la razón. Iluminar, desde la luz, o desde la oscuridad.

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