Presencias Espectrales

Viva la reina de México. Byron Brauchli en Teatro General San Martín, Fotogalería desde el martes 6 de marzo de 2007 hasta el domingo 8 de abril de 2007.

México es una palabra que ya, desde su inconfundible sonoridad, provoca una peculiar atracción. También es una tierra que durante el siglo XX cautivó a celebridades como André Breton, Serguei Einsestein, Antonin Artaud o William Burroughs. Ellos y muchos otros, con sus testimonios; en los que se difuminan los limites entre los retazos de una realidad y las proyecciones de sus más íntimos deseos, colaboraron a la construcción de una leyenda que también devino –quizás no tan involuntariamente- en estereotipos de un exotismo alienante.

Byron Brauchli es un fotógrafo estadounidense cuya voluntad fue conquistada por este país luego de un viaje de estudios y actualmente reside y desarrolla sus actividades en Veracruz. En este trabajo, presenta el derrotero ciclístico de los peregrinos integrantes del Club Deportivo Xalacingo, en el cual convergen los ritos populares de una fe firmemente arraigada, la vocación deportiva, los fetiches y los tipos humanos característicos de la región.

Casi como una manifestación de estas tierras, el azar en forma de accidente de bicicleta atravesó la producción fotográfica – y el fémur - de Brauchli escindiendo la serie en dos sentidos completamente divergentes.
El primero se relaciona más con el tradicional registro de tipo documental. Aquí no hay sorpresas. Es un clásico recorte de sucesivas apariencias del mundo, mientras que el segundo –el proyecto original – está realizado con cámaras de plástico de juguete y las copias están impresas mediante la técnica del heliograbado sobre papel de algodón.

Si en la primera parte de la serie las apariencias eran referentes relativamente aprehensibles, en esta segunda operación se verifica un efecto de extrañamiento que desarticula las relaciones espacio temporales, catapultando la ilusión de restitución de lo real hacia una zona espectral, en donde la obra se constituye en un doble objeto de intervención: la puramente fotográfica y la más artesanal del grabado.

Indudablemente, el resultado de estas últimas obras es mucho más sugestivo e interesante. Se las puede comprender como fruto de un paciente trabajo exploratorio de otras posibilidades, de otros significados, de otras intensidades de la materia que, en definitiva, aportan una nueva capa de contribuciones al imaginario construido en torno al gran país del norte.

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